31/3/08

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Zhuang zi , libro II capítulo 3

El hombre se conforma a lo prefijado por su mente
y lo toma por maestro.
¿Quién es el hombre extraordinario que se priva de ello?
¿O sólo el hombre que penetra la alternancia de las cosas
lo toma por maestro?
Así también el necio,
cuando admite que afirmación y negación
preceden a lo fijado por su mente.
Tan ilógico como partir hoy para Yue y llegar ayer,
o afirmar que es visible lo invisible.
Y aunque ello fuera cierto,
si ni siquiera Yu el divino podría entender ese misterio,
¡cómo iba a entenderlo yo!

La palabra no está hecha sólo de aire,
la palabra tiene un decir,
pero lo que dice no es nunca fijo.
¿En verdad existen las palabras?
¿En verdad se diferencian del piar de los pájaros?
¿Quién ha ensombrecido el Tao,
distinguiendo la verdad de la mentira?
¿Quién ha confundido a las palabras
distinguiendo afirmación de negación?
¿Dónde se encuentra el Tao ausente?
¿Dónde las palabras imposibles?
Tras los mínimos acontecimientos
el Tao se esconde.
Tras su máximo esplendor
las palabras se ocultan.
Así, confucianos y moístas
niegan y afirman,
afirmando lo negado,
negando lo afirmado.
Pero si deseas la afirmación negada,
la negación afirmada,
nada puede compararse a la Iluminación.
En las cosas mismas existe el esto
y el aquello.
Si partimos del aquello
no entenderemos nada.
Si partimos del esto
lo alcanzaremos todo.
Escrito está:
aquello surge de esto,
esto depende de aquello.
El esto y el aquello
unidos nacen.
Lo que ya es vida ya es muerte.
Lo que ya es muerte ya es vida.
Lo que ya es posible es imposible.
Lo que ya es imposible ya es posible.
Porque lo que se puede afirmar,
se puede negar.
Porque lo que se puede negar,
se puede afirmar.
El Santo no va por este camino.
Él ilumina las cosas con la luz del cielo.
y todo lo aprueba, toda circunstancia.

Esto y aquello se sustituyen uno al otro.
En el esto se reúnen un sí y un no.
En el aquello se reúnen un sí y un no.
¿Es que hay en verdad un esto y un aquello?
¿Es que no hay en verdad un esto y un aquello?
El punto en donde esto y aquello
neutralizan su oposición
es el núcleo del Tao:
el centro de un círculo que irradia
infinitas respuestas.
Infinito es el sí.
Infinito es el no.
Escrito está:
nada es comparable a la Iluminación.