Sin tu nada y sin tu ser




Más te vale buscarte defectos escondidos
que intentar descubrir
las cosas invisibles que te están veladas.

Allah no está velado:
en tus ojos está el velo,
pues para velar a Allah habría que cubrirle
y cubrirle es contenerle y abarcarle:
"Pero Allah domina
por encima de Sus servidores" (Qur'an, 6, 18).

Para mantenerte siempre atento
a la llamada de Allah
y cerca de Su presencia,
suprime de tu humanidad todo atributo
contrario a tu condición de servidor.

Estar satisfecho de sí mismo:
tal es la raíz de toda desobediencia,
de todo descuido y de toda pasión.
Pero no estar nunca contento de ti
es la fuente de toda obediencia,
de toda vigilancia y de toda pureza.
Toma por compañero a un ignorante,
descontento de sí:
¡verás cómo para ti vale más
que un sabio satisfecho de sí!
Además, ¿de qué vale la ciencia
de un sabio contento de sí?
Y ¿sigue siendo ignorante
el que no está satisfecho de sí mismo?

El rayo de tu mirada interior
te permite ver Su cercanía;
la realidad de tu mirada interior
te hace ver que no eres nada ante Su ser;
la verdad de tu mirada interior
te permite ver Su ser
sin tu nada y sin tu ser.

Allah era, y nada era con El:
¡Y ahora es como era entonces!



Ahmad Ibn Ata'Illah
Kitab al-Hikam, capítulo 5

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Miscelánea Zen: Maestro Fenyang




La función del maestro

Alguien  preguntó  a  Fenyang:    “¿Cuál  es  la  función  de  un  maestro?”  Fenyang  respondió:  ¿”Guiar de  manera  desapasionada  a  aquéllos  con  los  que tiene cierta afinidad.”

La luna y las nubes

La naturaleza búdica se halla presente en todos los seres vivos como la  luna  brillante  en  el  cielo  nocturno.  Son  las  densas  nubes  lo  único  que  enturbia su presencia.

El conocimiento independiente

Deberías distinguir por ti mismo lo sagrado de lo profano y lo correcto  de lo incorrecto sin dejarte influir por las opiniones ajenas. ¿Cuánta gente  ha sido manipulada por buscar sutilezas? ¿Cuántos persiguen como idiotas  las sensaciones materiales?

A tiempo y a destiempo

¿Cuándo dejarás de luchar? Antes de lo que crees la primavera se tornará  otoño,  caerán  las  hojas,  emigrarán  los  gansos  y  todo  se  cubrirá  de  fría  escarcha. Si tienes ropa y calzado, ¿qué más necesitas?

El Buda, el diablo y la mente

Cuando la conoces, la mente es Buda; cuando la ignoras se transforma en  el diablo. El Buda es la Realidad y el diablo la locura. Pero tanto el Buda  como el diablo son creaciones de tu mente.

Señalando directamente a la mente original

Pocos creen que la esencia de la mente sea  Buda. La mayor parte de las  personas  no  toman  esto 
en  serio  y  parecen  disfrutar  de  la  caverna  de  la  ignorancia. Es por ello por lo que permanecen atrapados en la ilusión, la  ansiedad, el resentimiento y otras aflicciones.

El despertar súbito

Cuando  realices  tu  verdadera  naturaleza  descubrirás  un  cofre  lleno  de  joyas.   Los   cielos   y   la   tierra   te   rendirán   homenaje   y   ni   siquiera   te  identificarás con el gozo de la meditación. La esencia que contiene todos  los sabores constituye la suprema felicidad y es más valiosa que diez mil  onzas de oro puro.

El contacto con la fuente

Cuando te sientas confundido, ni mil libros sagrados podrán resolver una  sola  de  tus  dudas,  pero  cuando  despiertes  a  la  comprensión,  una  sola  palabra será excesiva.

El Zen no se transmite mediante la palabra escrita sino de una manera  personal por medio del reconocimiento mental.

Resumen de la práctica del Zen

Cuando  te  afiances  en  el  Zen,  las  distracciones  mundanas  dejarán  de  afectarte y tu mente alcanzará la serenidad. Entonces entrarás en la esfera  de  la  iluminación  y,  aunque  te  halles  en  plena  actividad,  trascenderás  el  mundo cotidiano.

La comprensión del camino

Cuando realices la vacuidad universal dominarás con naturalidad todas  las situaciones, te hallarás en comunión perfecta con lo que está más allá  del mundo y abrazarás los reinos más profundos de la existencia.

Si olvidas la esencia del Zen, no te preocupes. Después de todo el Zen  carece de esencia. Para gozar de los efectos del Zen sólo debes armonizarte  con él.

El camino de la “no-mente” no es una enseñanza para gente mediocre.


En La escencia del Zen
Thomas Cleary


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Miscelánea zen – Hsuan-sha (siglos IX-X)


Tu propia experiencia

Cada realidad es eterna, cada esencia es tal como es: no la busques en el exterior. Si tienes una gran fe, los budas son sólo estados de tu propia expe­riencia, estés andando, de pie, sentado o tendido, no hay diferencia alguna.

Esto que te estoy diciendo ya es un modo de cons­treñir lo que es libre. ¿Estás de acuerdo con ello? ¿Y qué significado le das al hecho de estar de acuerdo o de no estarlo?

La inaprensibilidad

E1 budismo es inaprensible, puede dar vida a la gente, pero también puede arrebatársela. Perci­bir la naturaleza esencial y la Iluminación va más allá del tiempo.

La realidad de la mente

La tierra y el cielo están formados en su totalidad por la mente, pero ¿cómo puedes explicar el principio de que estén constituidos por la mente? ¿Y cómo puedes explicar la realidad de la mente sin for­ma que impregna las diez direcciones? No hay nada que no surja de la compasión que genera conocimien­to, ni nada que no surja del conocimiento que activa la compasión, ni nada que no proceda de la compa­sión y del conocimiento que iluminan por igual el océano de la naturaleza esencial, impregnando la to­talidad del universo, en completa fluidez y libertad. Cuando se conoce la luz y la oscuridad, la materia y la vacuidad, cuando la compasión y el conocimien­to están unidos por igual en el umbral donde se con­centra la bondad, se manifiesta la recompensa, la res­puesta y la realidad; libre e independiente la mente beneficia ampliamente al mundo. Tanto la tierra como el vasto espacio son manifestaciones del umbral don­de se concentra la bondad. Por eso se dice que la rea­lidad de la mente sin forma impregna las diez direc­ciones.

Completamente espaciosa

La actividad de los budas es completamente espa­ciosa, sin límites. La puerta de la vacuidad es la entrada a la liberación; si deseas ayudar a los demás no albergues intención alguna. Trasciende el pasado, el presente y el futuro, así no podrás elevarte ni caer; los proyectos se oponen a la realidad, porque ésta no pertenece al reino de lo creado.

Muévete, y producirás la raíz del nacimiento y de la muerte; permanece en la quietud, y te embriagarás en la tierra del olvido. Si ambas, actividad y quietud, son erradicadas, te sumergirás en una vacía aniquila­ción. Si renuncias al movimiento y a la quietud, creerás haber alcanzado la naturaleza búdica.

Ante los objetos y las situaciones debes ser como un árbol muerto o como las frías cenizas, actuando de forma responsable, acorde con el momento, sin per­der el apropiado equilibrio. Un espejo refleja infini­dad de imágenes sin empañar su brillo; los pájaros vuelan a través del cielo sin alterar su color.

La gran tarea

En tanto no hayas realizado la gran tarea y no estés íntimamente unido con el linaje de la fuente, de­bes evitar memorizar sentencias y vivir de la concien­cia conceptual. ¿Acaso no se ha dicho: «Los conceptos actúan como ladrones, la conciencia se convierte en olas»? Todo el mundo ha sido arrastrado y ahogado por ellas. Sin libertad alguna.

Si no has aprendido la gran tarea, nada hay com­parable al aquietamiento, en el sentido de sereno cese, de purificar y calmar el cuerpo y la mente. Evi­ta en cualquier momento obsesionarte por cosas, y te será fácil descubrirla.

Las enseñanzas del Zen
Edición de Thomas Cleary

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Enkidu y la ramera




Las criaturas pululantes llegaron, deleitándose su corazón en el agua.
En cuanto a él, Enkidu, nacido en las colinas -
Con las gacelas pasta en las hierbas,
Con las bestias salvajes se abreva en la aguada,
Con las criaturas pululantes su corazón se deleita en el agua -

La moza le contempló, al salvaje,
Al hombre bárbaro de las profundidades del llano:

«¡Ahí está, oh moza! ¡Desciñe tus pechos,
Desnuda tu seno para que posea tu sazón! ¡No seas esquiva! ¡Acoge su ardor!
En cuanto te vea, se acercará a ti. Desecha tu vestido para que yazga sobre ti.
¡Muestra al salvaje la labor de una mujer!
Le rechazarán las bestias salvajes que crecen en su estepa,
Cuando su amor entre en ti».

La moza libertó sus pechos, desnudó su seno,
Y él poseyó su madurez. No se mostró esquiva al recibir su ardor.
Desechó su vestido y él descansó en ella.
Mostró al salvaje el trato de una mujer,
Cuando su amor entró en ella.
Durante seis días y siete noches Enkidu se presenta,
Cohabitando con la moza. Después que (se) hubo saciado de sus encantos,
Volvió el rostro hacia sus bestias salvajes. Al verle, Enkidu, las gacelas huyeron,
Las bestias salvajes del llano se alejaron de su cuerpo.
Sorprendióse Enkidu, su cuerpo estaba rígido,
Sus rodillas inmóviles - pues sus bestias salvajes habían huido.

Enkidu hubo de aflojar el paso - no era como antaño
Pero entonces tiene [sa]biduría, más [am]plia comprensión.
Volvióse, sentándose a los pies de la ramera. Mira a la cara de la ramera,
Atento el oído, cuando la ramera habla; [La ramera] le dice, a Enkidu:

«¡Tú eres [sabio], Enkidu, eres como un dios!
¿Por qué con las criaturas silvestres vagas por el llano?
¡Ea!, deja que te lleve [a] la amurallada Uruk,
Al santo templo, morada de Anu e Istar,
Donde vive Gilgamesh, perfecto en fuerza,
Y como un buey salvaje señorea sobre el pueblo».

Mientras le habla, sus palabras encuentran favor,
Su corazón se ilumina, ansía un amigo. Enkidu le dice, a la ramera:

«¡Arriba, moza! Escóltame
Al puro templo sagrado, morada de Anu e Istar,
Donde vive Gilgamesh, perfecto en fuerza,
Y como un buey salvaje señorea sobre el pueblo.
Le retaré [y osada]mente me dirigiré a él,
Gritaré en Uruk: "¡Yo soy el poderoso!
[Yo soy aquel] que puede alterar los destinos,
[(Aquel) que] nació en el llano es poderoso; vigor tiene"».

Poema de Gilgamesh, tablilla I
Imagen: Relieve de Enkidu. Museo de Iraq, Bagdad

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Maya


El sueño de Maya - British Museum


Entonces Sudhana vio a la Dama Maya en este mundo y comprendió el método del logro mágico de la iluminación a través de producir el conocimiento desde la compasión.

“Este mundo” simboliza el reino abrazado por la gran compasión, sin distinciones de cerca o lejos y de interior o exterior. La Dama Maya representa la gran compasión sin esfuerzo que está siempre en el mundo. El hecho de que ella es la madre del Buddha simboliza la gran compasión produciendo mágicamente el conocimiento.

Una diosa de la ciudad llamada Ojos de Joya exhortó a Sudhana a vigilar el reinado de la mente, una diosa llamada Loto Espiritual elogió a la Dama Maya, las luces entraron en la cabeza de Sudhana, y un duende vigilando el salón de la enseñanza instruyó a Sudhana para que viera el cuerpo y la mente como sueños o reflexiones a medida que buscaba a los maestros. El nombre Ojos de Joya representa el ojo del conocimiento en la compasión, las luces simbolizan la enseñanza, y el duende representa los venenos de la ignorancia. Estos tres principios constituyen los expedientes en el umbral de la etapa undécima, que le introducen a uno a la gran práctica del Bien Universal.

Cuando Sudhana puso en práctica esas enseñanzas, vio la joya de un loto surgir de la tierra, con Maya sentada sobre él manifestando encarnaciones incontables en conformidad con las acciones de los seres sintientes. Esto ilustra la ausencia de identidad inherente del cuerpo y la mente – esto es ver los cuerpos producidos mágicamente por la compasión y el conocimiento.

Maya dijo que su cuerpo, aunque en su estado natural, contenía océanos de seres iluminados que viajaban libremente en su vientre, cruzando un universo de un millón de mundos en un solo paso. Esto significa que el océano de las prácticas de la gran compasión del Bien Universal es infinitamente vasto como el espacio.

Maya dijo que era la madre de todos los buddhas de todos los tiempos, significando que el conocimiento para ayudar espontáneamente a los seres surge completamente de la madre de la gran compasión. 

Maya dijo también, que había logrado previamente esta liberación de la magia del conocimiento, en eones inconcebibles, clarificando que no es posible calcularlo en términos relativos ordinarios – es necesario que el cálculo se olvide, que los sentimientos terminen, y que el conocimiento llegue a manifestarse antes que uno sepa cuando tiempo ha habido desde que ella obtuvo esta liberación. Por lo tanto, solo los buddhas pueden conocer cuantos eones han pasado.

Avatamsaka Sutra

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Una creación mágica


Entonces el venerable Shariputra preguntó al Licchavi Vimalakirti: "Noble señor, dónde murió usted para reencarnar aquí?"

Vimalakirti declaró: "¿Hay algo entre las cosas que ves, anciano, que muera o renazca?".

Shariputra: No hay nada que muera o sea renacido.

Vimalakirti: del mismo modo, reverendo Shariputra, como todas las cosas no mueren ni son renacidas, por qué preguntas "¿dónde moriste para reencarnar aquí?". Reverendo Shariputra, si uno fuera a preguntar a un hombre o a una mujer creada por un mago dónde él o ella han muerto para reencarnar aquí, qué crees que él o ella responderían?"

Shariputra: Noble señor, una creación mágica no muere, ni es renacida.

Vimalakirti: Reverendo Shariputra, ¿no declaró el Tathagata que todas las cosas tienen la naturaleza de una creación mágica?

Shariputra: sí, noble señor, eso es de hecho así.


Vimalakirt Nirdesa



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Muso Kokushi - Tres clases de discípulos


Tengo tres clases de discípulos: aquellos que, despojándose de todas las circunstancias que confunden, y con simplicidad de pensamiento, se contraen al estudio de sus propios asuntos (espirituales) son de la primera clase. Aquellos que no se concentran tanto en el estudio, sino que, al dispersar su atención, son afectos a la erudición libresca, son de la segunda clase. Aquellos que, cubriendo su propio brillo espiritual, sólo se ocupan de la sucesión de los Budas y Padres, se llaman de la clase más baja. En cuanto a aquellas mentes intoxicadas por la literatura secular y dedicadas a establecerse como hombres de letras, son simplemente laicos con las cabezas rapadas; no pertenecen siquiera a la ínfima clase. En cuanto a aquellos que sólo piensan en complacerse con la comida y el sueño, entregándose a la indolencia, ¿pueden llamarse miembros del Manto Negro? Verdaderamente, como los designara un viejo maestro, son estantes de ropa y bolsas de arroz. En la medida en que no son monjes, no debe permitírseles que se llamen discípulos míos ni que tampoco entren al monasterio y las criptas; hasta una estada temporaria ha de prohibírseles, para no hablar de su ofrecimiento como monjes-estudiantes. Cuando un hombre viejo como yo habla así, podéis pensar que le falta amor omniabarcante, pero lo principal es dejarlos que conozcan sus propias faltas y que, reformándose, se conviertan en plantas que crezcan en los jardines patriarcales.


En Ensayos sobre budismo Zen, primera serie
Daisetz Teitaro Suzuki


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El nombre del Padre es el Hijo


El nombre del Padre, empero, es el Hijo. Es Él el que en el Principio dio un nombre al que ha salido de sí, que era Él mismo y al que engendró como Hijo. Le ha dado su nombre, el que le perteneció; es aquel al que le pertenece todo lo que existe en torno al Padre. Suyo es el nombre; suyo es el Hijo. Es posible para éste verlo. Pero el nombre es invisible porque sólo él es el secreto del Invisible que viene a los oídos que están completamente llenos de él por él. Porque, realmente, el nombre del Padre no es dicho, sino que se revela por medio del Hijo. Entonces y siendo así ¡grande es el nombre! ¿Quién, entonces, podrá pronunciar un nombre para Él, el gran nombre, salvo Él solo al que pertenece el nombre y los hijos del nombre, en los que descansó el nombre del Padre, los que a su vez descansaban en su nombre? Puesto que el Padre es inengendrado, Él solo es el que lo engendró como nombre para sí mismo antes de producir los eones, para que el nombre del Padre estuviese sobre sus cabezas como Señor, el que es el nombre verdadero, firme en su autoridad por la potencia perfecta. Porque el nombre no pertenece a las palabras ni su nombre forma parte de las denominaciones sino que es invisible. Se dio un nombre para sí solo, puesto que Él solo se contempla y solo tiene capacidad para darse un nombre. Porque el que no existe carece de nombre. Pues ¿qué nombre se puede dar al que no existe? Pero El que es, es asimismo con su nombre, y el único que le conoce y el solo que sabe darle un nombre es el Padre. El Hijo es su nombre. Por lo tanto no lo ha ocultado, sino que ha existido y en cuanto es el Hijo, sólo Él dio un nombre. El nombre, por lo tanto, es del Padre, igual que el nombre del Padre es el Hijo. Puesto que ¿en dónde la misericordia encontraría este nombre, si no es junto al Padre? Pero seguro que alguno dirá a su vecino: «¿Quién dará un nombre al que existía antes que él, como si los niños no recibieran un nombre de los que los han engendrado?» Primero, entonces, nos conviene entender acerca de este tema: «¿qué es el nombre?». Éste es el nombre auténtico; por lo tanto no es el nombre que deriva del Padre, puesto que es el nombre propio. No ha recibido, por consiguiente, el nombre en préstamo como los demás, según el modo como cada uno es producido, sino que éste es el nombre propio. No hay ningún otro al que se lo haya dado. Pero él es innominable e indescriptible, hasta el momento en que éste, que es perfecto, sólo lo expresó. Y él es el que tiene el poder para proclamar su nombre y contemplarlo. Por consiguiente, cuando le ha parecido bien que su nombre amado sea su Hijo y le dio el nombre a él, este que salió de la profundidad, expresó sus realidades, sabiendo que el Padre es carente de mal. Por esto también lo ha enviado para que hablase del lugar y de su lugar de reposo desde el que ha venido y glorificase al Pleroma, la grandeza de su nombre y la dulzura del Padre. 

Evangelio de la Verdad

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