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16 dic 2012

Tú eres Él y Él es tú

diciembre 16, 2012


¡En el nombre de Allâh, el Clemente, el Misericordioso! ¡Nosotros imploramos su ayuda!

¡Gloria a Allâh, ante cuya Unidad no hay nada anterior, si no es Él, que es el Primero! ¡Gloria a Allâh, después de cuya Singularidad no hay un después, si no es Él, que es el Siguiente!

Con relación a Él no hay antes, ni después; ni alto ni bajo; ni cerca, ni lejos, ni cómo, ni qué, ni donde, ni estado, ni sucesión de instantes, ni tiempo, ni espacio, ni ser. Él es tal como es. Él es el Único sin necesidad de la Unidad. Él es lo singular sin necesidad de la Singularidad. 

Él no está compuesto de nombre, ni de denominado, porque Él es el nombre y el denominado. No hay nombre salvo Él. No hay denominado salvo Él. Por ello se dice que Él es el nombre y el denominado. 

Él es el Primero sin anterioridad. Él es el Último sin posterioridad. Él es Evidente sin exterioridad. Él es Oculto sin interioridad. Porque no hay anterior, ni posterior; no hay exterior, ni interior, sino Él. 

Es necesario comprender este Misterio para no caer en el error de los que creen en las encarnaciones de la divinidad. Él no está en ninguna cosa y ninguna cosa está en Él. Es preciso conocerle pero no por la ciencia, la inteligencia, la imaginación, la sagacidad, los sentidos, la visión exterior, la visión interior, la comprensión o el razonamiento. 

Nadie, salvo Él mismo, puede verle. Nadie, salvo Él mismo, puede asirle. Nadie, salvo Él mismo, puede conocerle. Nadie distinto de Él puede ocultarle. Él se ve y se conoce a Sí mismo. Su velo impenetrable es su propia Unidad. Él mismo es su propio velo. Su velo es su propia existencia. Su Unicidad le vela de forma inexplicable. 

Nadie le ha visto, le ve, o podrá verle jamás. Ningún profeta enviado ni ningún santo perfecto o ángel se le aproxima. Su Profeta es Él. Su mensajero es Él. Su mensaje es Él. Su Palabra es Él. Él ha mandado su Ipseidad con Él mismo, de Él mismo y hacia Él mismo, sin ningún intermediario o causalidad exterior a Él mismo. Ninguna diferencia de tiempo, espacio o naturaleza hay entre El que envía el mensaje, el mensaje y el destinatario del mensaje. 

Su existencia está únicamente en los textos de la profecía. Sin embargo, sólo Él existe y no puede dejar de existir puesto que jamás vino a la existencia. Por eso ha dicho el Profeta: "Quien se conoce a sí mismo conoce a su Señor". También ha dicho: "Yo conozco a mi Señor, por mi Señor". El Profeta de Allâh ha querido hacerte comprender que tú no eres tú, sino Él: Él y no tú; que Él no cabe en ti y tú no cabes en Él; que Él no sale de ti y tú no sales de Él. 

Lo que quiero decir es que tú no eres, o posees tal o cual cualidad, que no existes y que no existirás jamás, ni por ti mismo, ni por Él, en Él o con Él. Tu no puedes cesar de ser, porque no eres. Tú eres Él y Él es tú, sin ninguna dependencia o casualidad. Si alcanzas a reconocer en tu existencia esta cualidad de la nada, entonces conoces a Allâh, En otro caso, no. 


Abū Bakr Muhammad ibn 'Alī ibn 'Arabi
Tratado de la Unidad



13 abr 2009

El prisionero de Samarcanda

abril 13, 2009 0

 

Hakim Iskandar Zaramez y Abdulwahab el Hindi pasaban un día por la esquina de una gran casa de Samarcanda, cuando oyeron un grito salvaje.

“Están torturando a algún pobre desgraciado”, dijo el Hindi, deteniéndose y escuchando cómo los gritos aumentaban.

“¿Te gustaría aliviar el sufrimiento?”, preguntó Zaramez.

“Por supuesto. En tu condición de wali, de santo, seguramente puedes hacerlo, con el permiso de Dios.”

“Muy bien”, dijo el Hakim, “voy a demostrarte una cosa”.

Zaramez se alejó cinco pasos de la esquina de la casa. Los gritos dejaron de oírse.

“¡Te alejas y cesa el ruido! Yo siempre he oído decir que es acercarse a alguien afligido lo que mitiga el dolor”, dijo El Hindi.

El Hakim sonrió, pero no dijo nada más, haciendo el gesto que entre los sufíes significa: “En un determinado momento, una pregunta puede no tener respuesta por el estado de quien pregunta.”

Muchos años después, cuando El Hindi estaba en Marruecos, una noche oyó cómo un derviche contaba sus experiencias a un grupo de estudiantes, en la recoleta ciudad de Maula Idriss. Entre otras cosas, el derviche contó lo siguiente:

“Cierto día del mes de Ramadán el Mubarak, hace muchos años, me tomaron por un vagabundo por mi manifiesta miseria y mi aspecto de pordiosero. A la espera del juicio, me encerraron en una celda de piedra situada en una de las esquinas del muro exterior de la casa de Kazi. Esto sucedió a las afueras de Samarcanda, al norte.

“De repente sentí, de forma inequívoca, la presencia de un santo afuera, no muy lejos. Entonces me alegré de mi suerte, y me senté en silenciosa meditación. Empecé a gemir, a chillar y a agitarme, porque había un poder sobre mí, y porque no podía escapar por mucho que quisiera acercarme a él.

“Después, noté que se había alejado, molesto con mi alboroto. Le dejé que se acercara de nuevo, quedándome tan tranquilo y silencioso como la noche.”

El sheik del círculo del derviche dijo:

“Tu experiencia podía haberte enseñado que a la gente le afecta mucho más la baraka* cuando se encuentra según todas las apariencias más allá de su alcance. El wali estaba enseñándote eso, aunque tú estabas encerrado y él, a los ojos de algún observador, parecía estar haciendo otra cosa bien diferente, o nada en absoluto.”

El Hindi cuenta:

“Gracias a este hecho empecé a comprender de verdad que no es sorprendente que la gente tenga “experiencias espirituales”. Lo que puede ser sorprendente es que las tengan tan pocas personas y lo que sin duda es aún más sorprendente es que, en vez de aprender de esas experiencias, las veneren y las tomen por lo que no son.”

 

* En sentido general, significa “bendición”, “poder impalpable”. En un sentido más estricto, los sufíes utilizan este término como la “transmisión espiritual” que un maestro lleva a cabo con un discípulo. (N. del T.)

 

Idries Shah, La sabiduría de los idiotas, cuentos de la tradición sufi

Traducción: Sebastián Velázquez