10 dic 2012

El buey ha conocido a su dueño y el asno el pesebre de su señor.

diciembre 10, 2012


Natividad, Silla de marfil de Massimiano de Ravenna, siglo VI


XIII 1. Y ocurrió, algún tiempo más tarde, que un edicto de César Augusto obligó a cada uno a empadronarse en su patria. Y este primer censo fue hecho por Cirino, gobernador de Siria. José, pues, se vio obligado a partir con María para Bethlehem, porque él era de ese país, y María era de la tribu de Judá, de la casa y patria de David. Y, según José y María iban por el camino que conduce a Bethlehem, dijo María a José: Veo ante mí dos pueblos, uno que llora, y otro que se regocija. Mas José le respondió: Estáte sentada y sosténte sobre tu montura, y no digas palabras inútiles. Entonces un hermoso niño, vestido con un traje magnífico, apareció ante ellos, y dijo a José: ¿Por qué has llamado inútiles las palabras que María ha dicho de esos dos pueblos? Ella ha visto al pueblo judío llorar, por haberse alejado de su Dios, y al pueblo de los gentiles alegrarse, por haberse aproximado al Señor, según la promesa hecha a nuestros padres, puesto que ha llegado el tiempo en que todas las naciones deben ser benditas en la posteridad de Abraham.

2. Dichas estas palabras, el ángel hizo parar la bestia, por cuanto se acercaba el instante del alumbramiento, y dijo a María que se apease, y que entrase en una gruta subterránea en la que no había luz alguna, porque la claridad del día no penetraba nunca allí. Pero, al entrar María, toda la gruta se iluminó y resplandeció, como si el sol la hubiera invadido, y fuese la hora sexta del día, y, mientras María estuvo en la caverna, ésta permaneció iluminada, día y noche, por aquel resplandor divino. Y ella trajo al mundo un hijo que los ángeles rodearon desde que nació, diciendo: Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad.

3. Y José había ido a buscar comadronas. Mas, cuando estuvo de vuelta en la gruta, María había ya parido a su hijo. Y José le dijo: Te he traído dos comadronas, Zelomi y Salomé, mas no osan entrar en la gruta a causa de esta luz demasiado viva. Y María, oyéndola, sonrió. Pero José le dijo: No sonrías, antes sé prudente, por si tienes necesidad de algún remedio. Entonces hizo entrar a una de ellas. Y Zelomi, habiendo entrado, dijo a María: Permíteme que te toque. Y, habiéndolo permitido María la comadrona dio un gran grito y dijo: Señor, Señor, ten piedad de mí. He aquí lo que yo nunca he oído, ni supuesto, pues sus pechos están llenos de leche, y ha parido un niño, y continúa virgen. El nacimiento no ha sido maculado por ninguna efusión de sangre, y el parto se ha producido sin dolor. Virgen ha concebido, virgen ha parido, y virgen permanece.

4. Oyendo estas palabras, la otra comadrona, llamada Salomé, dijo: Yo no puedo creer eso que oigo, a no asegurarme por mí misma. Y Salomé, entrando, dijo a Maria: Permíteme tocarte, y asegurarme de que lo que ha dicho Zelomi es verdad. Y, como María le diese permiso, Salomé adelantó la mano. Y al tocarla, súbitamente su mano se secó, y de dolor se puso a llorar amargamente, y a desesperarse, y a gritar: Señor, tú sabes que siempre te he temido, que he atendido a los pobres sin pedir nada en cambio, que nada he admitido de la viuda o del huérfano, y que nunca he despachado a un menesteroso con las manos vacías. Y he aquí que hoy me veo desgraciada por mi incredulidad, y por dudar de vuestra virgen.

5. Y, hablando ella así, un joven de gran belleza apareció a su lado, y la dijo: Aproxímate al niño, adóralo, tócalo con tu mano, y él te curará, porque es el Salvador del mundo y de cuantos esperan en él. Y tan pronto como ella se acercó al niño, y lo adoró, y tocó los lienzos en que estaba envuelto, su mano fue curada. Y, saliendo fuera, se puso a proclamar a grandes voces los prodigios que había visto y experimentado, y cómo había sido curada, y muchos creyeron en sus palabras.

6. Porque unos pastores afirmaban a su vez que habían visto a medianoche ángeles cantando un himno, loando y bendiciendo al Dios del cielo, y diciendo que el Salvador de todos, el Cristo, había nacido, y que en él debía Israel encontrar su salvación.

7. Y una gran estrella brillaba encima de la gruta, de la tarde a la mañana, y nunca, desde el principio del mundo, se había visto una tan grande. Y los profetas que estaban en Jerusalén decían que esa estrella indicaba el nacimiento del Cristo, el cual debía cumplir las promesas hechas, no sólo a Israel, sino a todas las naciones.

XIV 1. El tercer día después del nacimiento del Señor, María salió de la gruta, y entró en un establo, y deposité al niño en el pesebre, y el buey y el asno lo adoraron. Entonces se cumplió lo que había anunciado el profeta Isaías: El buey ha conocido a su dueño y el asno el pesebre de su señor.

2. Y estos mismos animales, que tenían al niño entre ellos, lo adoraban sin cesar. Entonces se cumplió lo que se dijo por boca del profeta Habacuc: Te manifestarás entre dos animales. Y José y María permanecieron en este sitio con el niño durante tres días.


Evangelio del pseudo-Mateo
Imagen: Natividad, Silla de marfil de Massimiano de Ravenna, siglo VI

9 dic 2012

¿Puedo obtener el Tao y conservarlo en mi poder?

diciembre 09, 2012


Shun preguntó a Khang: 

-¿Puedo obtener el Tao y conservarlo en mi poder?

Su respuesta fue:

-Ni siquiera tu cuerpo te pertenece, ¿cómo podrías poseer el Tao?

Shun repuso:

Si mi cuerpo no es mío, ¿a quién le pertenece?

Khan dijo:

Esa es la forma corporal que el Cielo y la tierra te confiaron. La vida no es tu propiedad. Es la armonía combinada (del Yin y del Yang) que te confiaron el Cielo y la Tierra. Tu naturaleza, así constituida,  no es tuya; te fue confiada para actuar de acuerdo con ella. Tus hijos y nietos tampoco te pertenecen, son las distintas formas que te han confiado Cielo y Tierra. Por lo tanto, cuando caminamos no sabemos adónde vamos; cuando nos detenemos y descansamos no sabemos en qué ocuparnos y cuando comemos no sabemos qué gusto tiene la comida. Todo es producido por la poderosa influencia del Yang de Cielo y Tierra. ¿Cómo, entonces, podrías podrías obtener el Tao y conservarlo en tu poder?


Zhuang Zi, Capítulo XXII
El conocimiento viaja hacia el Norte

8 dic 2012

Ge Xuan, maestro en artes

diciembre 08, 2012

Ge Xuan, maestro en artes
Ge Xuan


Lo siguiente se refiere a Ge Xuan, un hombre que había estudiado con Zuo Ci los secretos del Libro de los inmortales y los nueve procesos de la alquimia

En una ocasión en que estaba comiendo con unos invitados y trataban el asunto de las transformaciones y las metamorfosis, uno de ellos sugirió si, al cabo de la comida, no sería posible verlo «obrando algún prodigio para la ocasión». Ge Xuan no se hizo de rogar y, al momento, escupió unos granos de arroz. Los granos se transformaron en cientos de enormes avispas, avispas que fueron a posárseles por el cuerpo a los invitados, mas sin picar a uno solo. Al cabo de un buen rato, abrió la boca y se metieron volando en ella. Y se las tragó, porque ya eran otra vez los granitos de arroz del principio. 

En otra ocasión ordenó a sapos, reptiles, golondrinas y otros animales de ese tipo que bailaran, indicándoles cómo con el índice, y así lo hicieron, siguiendo bien el ritmo y el compás, tal como hacemos los humanos. 

En invierno tenía preparados melones y dátiles para sus invitados, y en verano trozos de hielo y nieve. 

En otra ocasión, dio a uno unas monedas y le pidió que las arrojase al fondo de un pozo; luego, sosteniendo un cacillo por encima del brocal, las llamó y, una a una, salieron todas y fueron volando a meterse en él. 

Cuando bebía con sus invitados, las copas se llenaban e iban hasta ellos por sí solas, mas permanecían junto a aquel que no las hubiera vaciado por completo en cada brindis. 

En otra ocasión, estando con el monarca de Wu, vieron desde un pabellón elevado cómo los habitantes del pueblo hacían un hombre de barro con que invocar la lluvia. 

-Mírelos. Quieren que llueva, pero ¿acaso es ese el modo de lograrlo? -le preguntó el monarca. 

-La lluvia -respondió Ge Xuan- es algo fácil de traer. 

Acto seguido, escribió unas fórmulas, fue a depositarlas en el monasterio del espíritu local y enseguida se oscurecieron cielo y tierra y estalló una grandísima tormenta que empezó a inundarlo todo alrededor del pabellón en alto en que se hallaban. 

-Y ¿sería posible que hubiera peces en las aguas? 

Ge Xuan volvió a escribir unas fórmulas, las arrojó a las aguas que los rodeaban y, al punto, las vieron llenas de peces enormes, que el monarca ordenó pescar.


En Antología del soushenji