23/4/15

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Mis ojos son semejantes al océano


Mis ojos son semejantes al océano


Un joven monje declara: “El océano refleja la luz del sol, la de la luna, las sombras movientes proyectadas por las nubes, una multitud de imágenes. Estas imágenes sólo tocan su superficie, ninguna penetra en lo profundo. Así, la imagen de los objetos que se reflejan en mis ojos no debe afectar mi espíritu.”

El maestro señala: “He aquí una excelente disciplina, pero no se trata sólo de trazar reglas de conducta. Meditad...”

Otro responde a su condiscípulo. Habla lentamente, con Ja voz lejana de un soñador hablando desde un sueño: “Si el océano —dice— bebiera todas las imágenes que se reflejan en su superficie, tras absorberlas todas, ninguna podría ya turbar la pureza de su claro espejo. Dejando que se sumerjan hasta el fondo del espíritu las imágenes que se reflejan en los ojos, hasta que se hayan hundido allí todas las formas, y sus sombras no oscurezcan ya la visión, se podrá ver más allá de ellas.”

El maestro permanece en silencio. Mira a los discípulos sentados ante él. Ninguno responde a la muda invitación. Los que se callan han comprendido más o menos bien el enigma del que han hablado los dos novicios. Y yo siento que ambos están lejos de haberlo descifrado.


Alexandra David-Neel - Iniciaciones e iniciados en el Tíbet

Traducción de Estela Canto