16/9/14

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Miscelánea zen – Hsuan-sha (siglos IX-X)


Tu propia experiencia

Cada realidad es eterna, cada esencia es tal como es: no la busques en el exterior. Si tienes una gran fe, los budas son sólo estados de tu propia expe­riencia, estés andando, de pie, sentado o tendido, no hay diferencia alguna.

Esto que te estoy diciendo ya es un modo de cons­treñir lo que es libre. ¿Estás de acuerdo con ello? ¿Y qué significado le das al hecho de estar de acuerdo o de no estarlo?

La inaprensibilidad

E1 budismo es inaprensible, puede dar vida a la gente, pero también puede arrebatársela. Perci­bir la naturaleza esencial y la Iluminación va más allá del tiempo.

La realidad de la mente

La tierra y el cielo están formados en su totalidad por la mente, pero ¿cómo puedes explicar el principio de que estén constituidos por la mente? ¿Y cómo puedes explicar la realidad de la mente sin for­ma que impregna las diez direcciones? No hay nada que no surja de la compasión que genera conocimien­to, ni nada que no surja del conocimiento que activa la compasión, ni nada que no proceda de la compa­sión y del conocimiento que iluminan por igual el océano de la naturaleza esencial, impregnando la to­talidad del universo, en completa fluidez y libertad. Cuando se conoce la luz y la oscuridad, la materia y la vacuidad, cuando la compasión y el conocimien­to están unidos por igual en el umbral donde se con­centra la bondad, se manifiesta la recompensa, la res­puesta y la realidad; libre e independiente la mente beneficia ampliamente al mundo. Tanto la tierra como el vasto espacio son manifestaciones del umbral don­de se concentra la bondad. Por eso se dice que la rea­lidad de la mente sin forma impregna las diez direc­ciones.

Completamente espaciosa

La actividad de los budas es completamente espa­ciosa, sin límites. La puerta de la vacuidad es la entrada a la liberación; si deseas ayudar a los demás no albergues intención alguna. Trasciende el pasado, el presente y el futuro, así no podrás elevarte ni caer; los proyectos se oponen a la realidad, porque ésta no pertenece al reino de lo creado.

Muévete, y producirás la raíz del nacimiento y de la muerte; permanece en la quietud, y te embriagarás en la tierra del olvido. Si ambas, actividad y quietud, son erradicadas, te sumergirás en una vacía aniquila­ción. Si renuncias al movimiento y a la quietud, creerás haber alcanzado la naturaleza búdica.

Ante los objetos y las situaciones debes ser como un árbol muerto o como las frías cenizas, actuando de forma responsable, acorde con el momento, sin per­der el apropiado equilibrio. Un espejo refleja infini­dad de imágenes sin empañar su brillo; los pájaros vuelan a través del cielo sin alterar su color.

La gran tarea

En tanto no hayas realizado la gran tarea y no estés íntimamente unido con el linaje de la fuente, de­bes evitar memorizar sentencias y vivir de la concien­cia conceptual. ¿Acaso no se ha dicho: «Los conceptos actúan como ladrones, la conciencia se convierte en olas»? Todo el mundo ha sido arrastrado y ahogado por ellas. Sin libertad alguna.

Si no has aprendido la gran tarea, nada hay com­parable al aquietamiento, en el sentido de sereno cese, de purificar y calmar el cuerpo y la mente. Evi­ta en cualquier momento obsesionarte por cosas, y te será fácil descubrirla.

Las enseñanzas del Zen
Edición de Thomas Cleary