30/1/14

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En el mundo del Caos


María le dijo entonces: «Señor Santo, ¿de dónde proceden tus discípulos, adónde se encaminan, qué deberán hacer aquí?» El perfecto Salvador le contestó: «Deberás saber que Sophia, la Madre del Universo y la paredra, quiso traer a éstos a la existencia sola, sin la participación de cónyuge varón. Pero, por voluntad del Padre del Universo, para que su inimaginable bondad pudiera revelarse, creó una cortina entre los inmortales y los que después de ellos vinieron, de manera que su consecuencia pudiera seguir cada eón y el caos, de suerte que la mujer pueda vivir pese a sus imperfecciones, que pueda existir aunque el Error la combata. Esa cortina es el espíritu. Como ya he dicho, de los eones de agua sobre las radiaciones de la luz, una gota resbaló, una gota de luz y del espíritu fluyó a las regiones bajas de la omnipotencia del caos, para que puedan verse las formas modeladas a partir de esa gota, pues esto constituye un acto de acusación contra él, el primer genitor, el que es llamado Jaldabaoth. Y esta gota ha revelado las formas modeladas por el espíritu, dándoles con su hálito un alma viva. Pues se había enfriado y caído en la ignorancia del alma. Reanimada por el soplo de la gran luz del varón, y cuando (Adán) comenzó a pensar, ese ser inmortal, cuando el soplo respiró en el, nombró a todos los que en el mundo del caos son y a todas las cosas que en él se encuentran.

«Pero estos, cuando fueron objeto de la voluntad de Sophia, la Madre, de manera que el hombre inmortal pudiera vestirse con las ropas propias de la tierra, acusados de haberse apoderado del hálito de ese soplo, fueron condenados como si se tratara de bandidos. Mas, como sólo psiquismo era, no fue capaz de tomar para él ese poder, en tanto no se cumpliera el número del caos y no llegara el tiempo fijado por el gran ángel.»

Textos gnósticos de Sheneset