4/12/13

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Hay un crepúsculo constante

¡Oh, noblemente nacido! Como dispones de un cuerpo fantasmal, encuentras a tus conocidos y tus lugares familiares como en un sueño. Cuando te encuentres con dichos conocidos, aunque trates de comunicarte con ellos, no te responderán. Cuando veas llorar a tus conocidos y seres queridos, pensarás: "Ahora estoy muerto, ¿qué puedo hacer?" Sientes un dolor que te traspasa, como un pez fuera del agua. Pero por muy profundo que sea tu dolor, el atormentarte a ti mismo no sirve de nada. Si cuentas con un maestro espiritual, reza a tu maestro espiritual. O reza a la Deidad Arquetípica compasiva. No te aferres a tus seres queridos, no sirve de nada. ¡Reza a los Compasivos, y no sufras ni te aterres!

¡Oh, noblemente nacido! Llevado por el rápido viento de la evolución, tu mente es impotente e inestable, como una pluma echada al viento, girando y revoloteando. A los que lloran les dices: "No lloréis, estoy aquí" Pero no se dan cuenta, y entonces comprendes que has muerto y sientes una gran angustia. ¡No te abandones a tu dolor! Hay un crepúsculo constante, gris, como el cielo otoñal justo antes del amanecer, ni es de día ni de noche. Esa clase de estado intermedio puede durar una, dos, tres, cuatro, cinco, seis o incluso siete semanas, hasta cuarenta y nueve días. Aunque se dice que para la mayoría de las personas el sufrimiento de la existencia intermedia dura veintiún días, eso no siempre es así, debido a las diferentes historias evolutivas de las personas.


Padma Sambhava, Libro tibetano de los muertos
Traducción: Robert Thurman