9/9/13

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La gran Madre


Hecate es la Gran Madre o Vida del universo, la Magna Mater o Madre de los Dioses y de todas las criaturas. Es la Esposa de la Mente y, simultáneamente, Madre y Esposa de la Mente de la Mente, por esto se la considera centrada entre ambas. En medio de los Padres gira el centro de Hecate.

Ella es la Madre de las almas, el Aliento de la vida. Se han conservado tres versos, muy poco claros, en relación a esta «revitalización», «aceleración» o «animación» cósmica, (psychosis), como la llama Proclo:

De repente, de los huecos debajo de las costillas de su lado derecho estallaba y se derramaba a chorros la Fuente del Alma Original, llenando de alma la Luz, el Fuego, el Éter, los Mundos.

Si «los huecos debajo de las costillas» fuera la traducción correcta -pues parece que los griegos no eran muy precisos, independientemente de la licencia poética de la metáfora- Hecate, la Gran Madre, o Alma del Mundo, estaría representada por la figura de una mujer. Como hemos señalado anteriormente, Hecate no es su nombre original (nomen barbarum), sino el mejor equivalente que los griegos encontraron en su panteón humanizado, una sociedad bourgeoise comparada con las majestuosas, imponentes y misteriosas Divinidades de Oriente.

De esta manera representaban a la psychosis cósmica; así, de acuerdo al tratado hermético La Virgen del Mundo, la mezcla de las almas individuales poseía una naturaleza algo más sustancial y flexible, como era lógico esperar.

En este tratado se lee:

No se derritió cuando se le prendió fuego (porque estaba hecho de Fuego), ni se congeló cuando una vez trataron de congelarlo (porque estaba hecho de Aliento), sino que mantuvo la composición especial de su mezcla, la cual era de un tipo particular, de una mixtura peculiar -cuya composición, sabedlo, Dios llamó psychósis- y fue a partir de este coágulo que Él forjó una miríada de almas.

Probablemente, el poeta que escribió los Oráculos tuvo la intención de poner en boca de la Gran Madre las siguientes líneas:

Debes saber que Yo, el Alma, moro detrás de los pensamientos del Padre, haciendo vivir todas las cosas a través del Calor.

En el misterio de la regeneración, tan pronto como tiene lugar la concepción a partir del Padre -es decir, la implantación de la Chispa de Luz o germen del hombre espiritual-, el alma del hombre se vuelve sensible a la pasión de la Gran Alma, de la Sola y Única Alma, y él mismo se siente pulsar en la apasionada red de las vidas.

Con respecto a esto podría preguntarse lo siguiente: ¿Por qué la gran corriente de la vida provendría del lado derecho de la Madre? Los fragmentos que poseemos no lo manifiestan, pero el original presumiblemente contenía alguna descripción del Cuerpo de la Madre, ya que dice:

En el lado izquierdo de Hecate hay una Fuente de Virtud, que permanece completamente dentro, que no emite su virginidad pura.

Por lo tanto, debemos comprender este simbolismo en un contexto mucho más vital del que las expresiones figurativas naturalmente sugieren.

de ambos lados de la espalda de la Diosa pende una Naturaleza ilimitada.

Esto sugiere que la Naturaleza es la Ropa o el Manto de la Diosa Madre. Los intérpretes bizantinos confieren el poder de dar vida a cada miembro de la Madre; cada miembro y cada órgano eran una fuente de vida. También eran así considerados el cabello, las sienes, la parte superior de la cabeza y los costados del cuerpo; y aún el vestido, el cinturón y los velos u otro atuendo que pudiera llevar en la cabeza. Desconocemos si el texto original justifica esta interpretación. Kroll la considera «fraus aperta»pero sería lícito pensar que la Madre de la Vida debe ser, naturalmente, Todo Vida. Con relación a esta interpretación uno de los versos que aún se conservan dice:

Su cabello semeja una melena de luz de agudas cerdas.

Damascio, hablando de la corona de la Madre, sostiene que posiblemente se simbolizaba como una corona en forma de muro o como la diadema en forma de torre de Cybele (Rhea), en cuyo caso representaría las «Paredes de Fuego» de la tradición estoica. El cinturón, en cambio, era simbolizado como una serpiente de fuego. Rhea es otro de los nombres que los Oráculos otorgan a La Gran Madre, como lo demuestran los siguientes tres versos:

Rhea es, en realidad, al mismo tiempo la Fuente y el Torrente de los benditos Sabios; porque ella es quien primero recibe los Poderes del Padre en sus incontables Senos, y derrama nacimiento [y muerte], sobre todas las cosas que giran como una rueda.

Los «Sabios» son las Inteligencias o Pensamientos Gnósticos del Padre. Ella es la Madre de la Génesis, la Rueda o Esfera del Reconvertirse. Según Proclo, los Oráculos la llaman «maravillosa e imponente diosa», en el intento de definir uno de sus aspectos.

G.R.S. Mead, Oráculos caldeos