20/2/12

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La liberación final de Buda


Ésta fue la forma en que murió Buda, llamada Parinirvana, o Liberación Final. En el año cuarenta y cinco de su ministerio Buda sufrió una severa enfermedad y declaró que no viviría más. Mientras vivía en la ciudad de Pawa fue recibido por un buen herrero llamado Chunda. Éste preparó una ofrenda de cerdo, que fue la causa de una enfermedad que concluyó con la muerte. Buda se puso muy débil y partió para Kushinagara, pero tuvo que descansar muchas veces en el camino. Todo esto fue soportado para que otros pudieran recordar que nadie está exento de la avanzada edad, decaimiento y muerte. Al final Buda llegó a la ciudad, y allí se dirigió a Ananda como sigue: «Informa al herrero Chunda que su ofrenda traerá una gran recompensa, dado que será la causa inmediata de que yo alcance el Nirvana. Hay, realmente, dos ofrendas que traerán gran recompensa: una fue dada por Sujata antes de que yo alcanzara la suprema sabiduría, la otra fue justo ahora habiendo sido hecha por Chunda. Éstos son los dos más destacados obsequios.» Buda habló así para que Chundra no sintiera remordimiento, o fuera culpado por otros; pero él había dado órdenes estrictas de que el sobrante de la ofrenda fuese enterrado. Buda se tumbó en un carro en un bosque de árboles sal cerca de Kushinagara. Envió un mensajero informando a los príncipes de Malwa de su llegada, sabiendo que su remordimiento sería muy grande si él muriera sin que ellos pudieran verlo una vez más. Así fue como una gran compañía de reyes y príncipes, nobles y damas de la corte, junto a innumerables sacerdotes, y los devas y brahmanes de los diez mil mundos, se reunieron alrededor del lecho de muerte de Buda. Todos lloraban y retorcían sus manos, y se inclinaban hasta el suelo por su pena. 

Buda preguntó si los sacerdotes tenían alguna última pregunta que hacer, pero como ellos no tenían dudas en ningún punto permanecieron callados. Un brahmán de Kushinagara, sin embargo, llegó deseando discutir algunos asuntos; Buda no se negaría y al final él se convirtió en un discípulo. Ninguno de sus discípulos estaba más comnovido por la pena que Ananda. Buda le había dado instrucciones acerca de su entierro y de las reglas que debían ser observadas por los monjes y monjas. Entonces dijo: «Ahora parto para Nirvana; dejo mis ordenanzas; los elementos del que Todo-lo-Sabe realmente pasarán, pero los tres grandes valores permanecerán.» Pero Ananda se abatió y lloró amargamente. Entonces Buda continuó: «Oh Ananda, no te atormentes; no llores. ¿No te he enseñado que debemos partir de todo lo que nos es más querido y placentero? No ha nacido o ha sido creada criatura alguna que pueda vencer la tendencia a la disolución inherente a sí mismo; una condición de permanencia es imposible. Por un largo tiempo, Ananda, tu amabilidad en la acción y en el pensamiento te han acercado mucho a mí. Siempre has hecho el bien; persevera y tú también ganarás la perfecta libertad de esta sed de vida, esta cadena de ignorancia.» Entonces se volvió a los otros deudos y les encomendó a Ananda. Dijo también que ninguno de los presentes que ya hubiese entrado en la senda de la Liberación fallaría totalmente, sino que al final triunfaría y alcanzaría Nirvana. Después de una pausa dijo otra vez: «Mendigos, yo ahora les digo que las riquezas y poderes del hombre deben desaparecer; conseguid vuestra salvación con diligencia.» Poco después Buda se quedó inconsciente y falleció.

Los príncipes Malva, en cuanto se recobraron un poco de su pena, envolvieron el cuerpo pliegue sobre pliegue de finísima tela y durante seis días el cuerpo yació presente. Luego fue quemado en una magnífica pira en el salón de coronación de los príncipes. Ellos no fueron capaces de encender el fuego de la pira, sin embargo se encendió espontáneamente. El cuerpo se consumió completamente, dejando sólo restos como un montón de perlas. Lo principal de esto, posteriormente, fue sepultado en un monumento glorioso: los cuatro dientes, dos huesos del carrillo y el cráneo.


A. K. Coomaraswamy - Mitos y leyendas hindúes y budistas