17/3/11

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Mumonkan 42 - La muchacha sale de la meditación


En el tiempo de Buda Shakyamuni, el Boddhisatva Manjusri, quien se supone que es el segundo después del Buda Shakyamuni, fue a la asamblea de los Budas. Cuando llegó allí, la conferencia había terminado y cada Buda había regresado a su propia tierra. Sólo una muchacha seguía inmóvil, sumida en una profunda meditación.

Manjusri preguntó al Buda Shakyamuni cómo era posible que aquella muchacha pudiera sentarse al lado del trono del Buda y él no (*...”esa muchacha ha podido lograr ese alto estado de meditación, ¿por qué yo no?”, dijo Manjusri).

“Sácala de su samadhi y pregúntaselo” le dijo Buda.

Manjusri dio tres vueltas alrededor de la muchacha y chasqueó los dedos. Ella continuó sumida en la meditación. Así pues, por medio de su poder milagroso, la transportó a un cielo muy alto e hizo cuanto pudo para que saliera de su trance, pero fue en vano.

El Buda Shakyamuni le dijo: “Ni siquiera cien mil Manjusri podrían alterarla, pero por debajo de este lugar, más allá de mil doscientos millones de países, hay un Boddhisatva, Momyo, el mas bajo de todos. Si viene aquí, la despertará.”

Apenas había pronunciado Buda estas palabras, cuando aquel Boddhisatva surgió de la tierra, hizo una reverencia y rindió homenaje al Buda. Este le pidió que despertara a la muchacha. El Boddhisatva se colocó ante ella, chascó los dedos y en aquel instante la muchacha salió de su profunda meditación.

Comentario de Mumon:

El viejo Shakyamuni puso un insignificante drama sobre el escenario y falló iluminando a las masas.

Quiero preguntarte: Manjusri es el maestro de los Siete Buddhas; ¿por qué no pudo levantar a la muchacha de su meditación?

¿Cómo fue posible que Momio, un Boddhisatva principiante, halla podido hacerlo?

Si entiendes esto íntimamente, disfrutarás de un gran samadhi dentro de este mundo de ilusión y apego.

Verso:

Aunque uno pudo sacarla de la meditación y el otro no, 
Ambos obtuvieron libertad.
Uno llevaba puesta la mascara de un dios, el otro de un demonio, 
Aunque haya sido una falla, fue, de hecho, artística.

Mumonkan, La entrada sin puerta