5/2/11

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Un soberano carente de virtud



El duque Jing de Qi hizo un recorrido por el norte del monte Niu. Al acercarse de regreso a la capital de su estado, rompió a llorar: "¡Ay, tierra mía, qué hermosa eres! Llena de verdor, brillante de rocío. ¿Por qué la muerte tiene que separarme de esta tierra? ¿Por qué existirá la muerte? ¿A dónde irá mi humilde persona cuando te abandone?".

Kong, el historiador, y Liang Qiu-ju, que iban en su compañía, también se pusieron a llorar y dijeron: "Gracias a nuestro soberano tenemos una sencilla comida hecha de verduras y un poco de carne, y gracias también a él podemos viajar en un carromato tirado por un jamelgo, y sin embargo no deseamos la muerte. ¡Con cuánta mayor razón debe serle cara la vida a nuestro soberano!"

Yan zi fue el único que sonrió aparte. El duque se secó las lágrimas, miró a Yan zi y le dijo: "Hemos dado hoy un paseo que ha entristecido a mi humilde persona. Kong y Ju han llorado conmigo. ¿Por qué tú eres el 'único' que ríe?"

Yan zi le respondió: " Si los grandes hombres (xian ren) no desaparecieran nunca, ahí estarían aún Dai Gong y el duque Huan. Si los hombres valientes nunca desaparecieran, ahí estarían aún los duques Zhuang y Ling. Si todos los soberanos vivieran hoy, vos malvivirías en el campo, vestido con una capa de bejuco y con un sombrero de paja en la cabeza. Viviendo de tan humilde manera, ni tiempo tendrías para pensar en la muerte. Además, no hubieseis podido subir al trono. Debido a esa alternancia por la que vivimos aquí para abandonar esta vida, habéis llegado a la condición de soberano. Vuestras lágrimas lo único que prueban es una falta de virtud (ren), una incomprensión de la naturaleza humana. Y así es como al ver a un soberano carente de virtud y unos acompañantes que le adulaban siguiéndole la corriente, vuestro vasallo se ha tomado la libertad sonreír para sí."

El duque Jing se sintió avergonzado. Levantó su copa como castigo, y para castigar a sus dos acompañantes les hizo beber dos copas de vino a cada uno.


Lie Zi, Libro de la perfecta vacuidad, Barcelona, Editorial Kairós, 2002