24/1/11

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Un sello en el corazón



En cierta ocasión, deseando alejarse del calor del sol, el Rabino Eleazar y el Rabino Abba fueron a una cueva en Lydda. El Rabino Abba habló: Acompasemos esta cueva con palabras de la Torah. El Rabino Eleazar entonces comenzó citando el verso: "Pónme como un sello en el corazón, como un sello en el brazo. " los relámpagos de ahí son relámpagos de fuego, la flama misma del Señor" [Canto 8: 6]. El dijo: Este verso ha provocado intensas discusiones. U na noche me hallaba en espera de mi padre y le oí decir que las almas de los justos, sólo ellas, las que propician la verdadera devoción de la Comunidad de Israel hacia Dios y su deseo por él, hacen posible el fluir de las aguas inferiores hacia las superiores, y esto trae consigo amistad perfecta y el anhelo por el abraw mutuo con objeto de dar frutos. Cuando se unen uno al otro, entonces dice la Comunidad de Israel, en la grandeza de su afecto: "pónme como un sello en el corazón". Pues, tal como la marca del sello debe discernirse aun después de que el sello ha sido quitado, así me quedaré con ustedes aún después de que me hayan apartado y me hayan puesto en cautiverio: esto dice la Comunidad de Israel.

Así pues, "Pónme como un sello en el corazón", para que pueda permanecer en ustedes la semblanza, como la marca de un sello.

"Pues el amor es tan fuerte como la muerte" [ibid.], violento como le es la separación del espíritu del cuerpo; pues hemos aprendido que cuando un hombre está por abandonar este mundo y ve cosas maravillosas, su espíritu, como un barquero sin remos yendo de arriba a abajo y sin rumbo fijo en el mar, también se bambolea de arriba a abajo en sus piernas, pidiendo retirarse de cada una y sólo con gran desgarramiento se lleva a cabo su separación. Así, violentamente, es como la Comunidad de Israel ama a Dios. "Los celos son tan crueles como la tumba" [ibid.]. Sin celos, no es un amor verdadero. Así aprendemos que para que el amor de un hombre por su mujer sea perfecto debe estar celoso, pues entonces no mirará a ninguna otra mujer.

Cuando se sentaron, escucharon que el Rabino Simeón se acercaba por el camino con el Rabino Judah y el Rabino Isaac. Cuando el Rabino Simeón llegó a la cueva, el Rabino Eleazar y el Rabino Abba salieron de ella. Y dijo el Rabino Simeón: Por los muros de la cueva pércibo que la Presencia Divina ronda este lugar. Y todos tomaron asiento.

El Rabino Simeón preguntó: ¿ De qué han estado discurriendo?

El Rabino Abba replicó: Del amor que la Comunidad de Israel le tiene a Dios. Y el Rabino Eleazar citó en ese contexto las palabras: "Pónme como un sello en el corazon .

El Rabino Simeón dijo: Eleazar, era el amor celestial y las ligas del afecto lo que estabas a punto de percibir. Luego, permaneció en silencio durante un rato y al fin dijo: El silencio siempre es agradable, salvo en lo que concierne a la Torah. Poseo una joya que compartiría contigo. Es una idea profunda que me surgió al toparme con el libro de Ray Hamnuna, el Viejo. Dice así: Siempre es el varón quien persigue a la hembra buscando estimular su amor; pero en este caso vemos a la hembra persiguiendo al varón y cortejándolo, algo que no se cuenta: usualmente entre lo que corresponde a la hembra. Pero en esto existe un misterio profundo, uno de los tesoros más apreciados del Rey. Sabemos que tres almas pertenecen a los divinos grados. No, cuatro, pues hay un alma suprema que es imperceptible, ciertamente, para el guardián del tesoro inferior y hasta para el del tesoro superior. Ésta es el alma de todas las almas, inconocible e inescrutable. Todo es contingente en ella, lo cual está cubierto por un velo brillante y encantador. De él se forman perlas que se tejen juntas como articulaciones del cuerpo, y en ellas entra y a través de ellas manifiesta su energía. Ella y ellas son una, y no hay división alguna entre ellas. Sin embargo, otra alma femenina está oculta entre las demás y tiene un cuerpo adherido a ella por medio del cual manifiesta su poder, como el alma en el cuerpo humano.

Estas almas son como copias de las articulaciones ocultas abajo. No obstante, otra alma está ahí, a saber, las almas de los justos abajo que, viniendo de almas superiores, el alma de la hembra y el alma del varón, son por ende preeminentes por encima de todas las legiones celestes. Podría surgir la pregunta: si son preeminentes de ambos lados, ¿por qué descienden a este mundo sólo para ser tomadas ahí en algún futuro?

Esto puede explicarse por medio de un símil: Un rey tiene un hijo a quein manda al pueblo a que reciba educación hasta que sea iniciado en las maneras de palacio. Cuando se informa al rey que su hijo ha llegado a la madurez, el rey, por amor, manda a la matrona, su madre a traerlo de regreso a palacio y ahí el rey se regocija con él todos los días. De este modo, el Ser Supremo, bendito sea, poseía un hijo de la Matrona, es decir, el alma suprema. Lo mandó al pueblo, es decir, al mundo, para que creciera ahí y fuera iniciado en las maneras del palacio del Rey. Cuando se le informó que su hijo había llegado a la madurez y debía regresar a palacio, el Rey, por amor, mandó a la Matrona por él para que lo trajera a palacio de nuevo. El alma no abandona este mundo hasta el momento en que la Matrona ha llegado por ella para conducida al palacio del Rey donde ella habita por siempre. Con todo, los vecinos del pueblo lloran por la partida del hijo del Rey de entre ellos. Pero un hombre sabio les dijo: ¿Por qué lloran? ¿No era éste el hijo del Rey, cuyo verdadero lugar está en el palacio de su padre y no con ustedes?...

Si los buenos se dieran cuenta de esto, se .llenarían de gozo cuando les llegara la hora de irse del mundo. Pues, ¿acaso no les honra en gran medida que la Matrona venga por su causa para llevados al palacio del Rey, donde el Rey puede día a día regocijarse en ellos? Pues para Dios no hay gozo más que aquél de las almas de los justos. Sólo las almas de los justos aquí en la tierra pueden encender el amor de la Comunidad de Israel por Dios, pues vienen del lado del Rey, del lado del varón. Este trans­porte pasa a la hembra y excita su amor, y así el varón enciende el amor y el afecto de la hembra, y la hembra se une al varón en el amor. De igual modo, el deseo, el deseo de la hembra de derramar aguas inferiores para que se unan con las aguas superiores, * se enciende sólo en virtud de las almas de los justos. Y así, dichosos los justos en este mundo y en el mundo por venir, pues en ellos se basan los seres superiores e inferiores. Así pues, queda escrito: "Los justos son el fundamento del mundo" [Prov. 10: 25].


Zohar, Libro del Esplendor, selección y traducción de Gershom Scholem