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Miscelánea Zen - Maestro Xuedou (China: 980-1052)



El sentido real del Zen

Cuando alguien preguntó a Xuedou: “¿Cuál es el sentido real del Zen?”, éste respondió: “Las montañas son altas; los océanos, profundos”.


Cómo alcanzarlo

Alguien preguntó a Xuedou: “Se dice que ningún sabio ha transmitido el único camino que conduce más allá. Entonces ¿Cómo llegar hasta él?

Xuedou respondió: “Creía que eras un practicante Zen”.


La experiencia del despertar

Cuando gira la rueda de las espadas, el sol y la luna pierden su fulgor. Cuando retumba el cetro de diamante, los cielos y la tierra palidecen. Esta experiencia cercena la garganta de los demonios y abre los ojos de los sabios.


La percepción iluminada

Cuando tu percepción se ilumine, tus ojos serán como mil soles y nada escapará a tu mirada. Normalmente nunca somos tan observadores, pero no debes deprimirte ni subestimarte por ello.


La verdad y la sabiduría

El sabio comprende la verdad apenas la escucha. Si vacilas un solo instante, perderás la cabeza.


La enseñanza Zen

En cierta ocasión preguntaron a Xuedou: “¿Cuál es tu método de enseñanza?”. Este respondió: “Apenas lleguen los invitados, debemos darnos cuenta”.


Estropear el caldo

En cierta ocasión, un anciano maestro no abrió la boca en todo un retiro. Uno de los participantes dijo: “!Qué manera de perder el tiempo! No esperaba que el maestro enseñara totalmente el Budismo, pero hubiera bastado con que dijera un par de palabras: Verdad Absoluta”.

Al escucharlo el anciano replicó: “¿Por qué te quejas? Es imposible decir una sola palabra sobre la Verdad Absoluta”. Luego, rechinando los dientes, agregó: “Hasta lo que acabo de decir es absurdo”.

En la habitación contigua, un anciano que había escuchado casualmente la conversación exclamó: “Una exquisita olla de caldo echada a perder por los excrementos de dos ratas”.

¿Qué caldero no contiene uno o dos excrementos de rata?


El río del Zen

Incluso en pleno oleaje, el río del Zen fluye en calma. El agua de la estabilidad es transparente por más agitada que se halle.


Thomas Cleary - La escencia del Zen