25/8/10

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El linaje de los Arhats



Lankavatara Sutra, caligrafía Dunhuang



Entonces Mahamati le preguntó al Bendito: “Te suplicamos nos digas, ¿cuántas clases de discípulos hay?”

El Bendito replicó: “Hay muchas clases de discípulos, tantas como individuos, pero para la conveniencia de la explicación, pueden ser dividido en dos grupos: los discípulos del linaje de los Arhats, y los discípulos conocidos como Bodhisattvas. Los discípulos del linaje de los Arhats pueden ser considerados bajo dos aspectos: Primero, de acuerdo al número de veces que ellos regresan a esta vida de nacimiento y muerte; y segundo, de acuerdo a su progreso espiritual. Bajo el primer aspecto, ellos pueden ser subdivididos en tres grupos: “Los que han entrado-en-la-Corriente”, “los que retornan-Una-Vez”, y “los que Nunca-retornan”.

Los que han entrado-en-la-Corriente son aquellos discípulos que habiéndose liberado de los apegos a las discriminaciones inferiores y habiéndose limpiado de los obstáculos duales claramente entienden el significado del no-ego dual pero aún se agarran a la noción de individualidad y generalidad y a su propio ego. Estos avanzarán a lo largo de las etapas hasta la sexta solamente, para sucumbir al éxtasis de entrada del Samadhi. Renacerán siete veces, o cinco veces, o tres veces, antes de ser capaces de pasar la sexta etapa. Los que retornan-Una Vez y los que Nunca-retornan son los Bodhisattvas que han alcanzado la séptima etapa.

La razón para estas gradaciones es por su apego a los tres grados de imaginación falsa, a saber: la fe en las prácticas morales, la duda, y el punto de vista de su personalidad individual. Cuando estos tres impedimentos son vencidos, serán capaces de lograr las etapas superiores. En cuanto a las prácticas morales, los discípulos ignorantes y necios obedecen las reglas de moralidad, devotamente y con abnegación, porque desean de esa manera progresar en los avances mundanos y en la felicidad, con la esperanza añadida de renacer en condiciones más favorables. Los que entran-en-la-Corriente no se agarran a las prácticas morales con la esperanza de una recompensa porque sus mentes están fijas en el estado glorioso de la comprensión-propia. La razón por la cual ellos se consagran a la práctica de la moralidad es que desean dominar tales verdades y estar en conformidad con las corrientes-de-energía-inmaculadas. En cuanto a la observación de la obstrucción de la duda en las enseñanzas del Buda, ésta continuará mientras cualesquiera de las nociones de discriminación sean apreciadas, y desaparecerá cuando ellas desaparezcan. El apego a los puntos de vista de la personalidad individual finalizará cuando el discípulo gane un poco más en el entendimiento cabal de las nociones de ser y no-ser, de la naturaleza-propia y el no-ego, de tal modo que al desprenderse de los apegos a su propio ego (que van incluidos con esas discriminaciones) a través de destruir y limpiar esos tres obstáculos, el que retorna Una Vez en la Corriente será capaz de descartar toda avaricia, cólera y estupidez.

En cuanto a los Arhats que retornan-Una-Vez; hubo una vez en ellos la discriminación de la forma, los signos, y las apariencias, pero a medida que gradualmente aprendieron por el conocimiento-correcto a no ver los objetos individuales bajo el aspecto de calidad y cantidad, y a medida que van llegando a familiarizarse con lo que simboliza el logro o la realización de la práctica de dhyana, habrán alcanzado la etapa de iluminación donde en un renacimiento más serán capaces de ponerle final al apego por su interés propio. Libre de esta carga de error y sus apegos, las pasiones no se afirmarán más ellas mismas y los obstáculos serán borrados para siempre.

Bajo el segundo aspecto los discípulos pueden ser agrupados de acuerdo con el nivel de progreso espiritual que ellos hayan alcanzado en cuatro clases: discípulos (sravaka), maestros (pratyekabuddha), Arhats, y Bodhisattvas.

La primera clase de discípulos piensa bien pero encuentra difícil entender ideas no familiares. Sus mentes están felices cuando estudian y practican las cosas pertenecientes a la apariencias que pueden ser discriminadas, pero llegan a confundirse por la noción de una cadena continua de causa-efecto, se sienten temerosos cuando consideran los agregados que componen la personalidad y su mundo objetivo como siendo igual-a-maya, vacío y sin ego. Fueron capaces de avanzar hasta la quinta o sexta etapa donde se pueden separar de las pasiones que surgen, pero no de las nociones que hacen surgir la pasión y por lo tanto son incapaces de desprenderse del agarre al ego-alma y sus apegos acompañantes, sus hábitos y la energía- hábito. En esta misma clase de discípulos están los discípulos serios y sinceros de otras fes, quienes agarrándose a las nociones de tales cosas como el alma como entidad eterna, el Atman Supremo, el Dios Personal, buscan un Nirvana que esté en armonía con ellos. Hay otros, más materialistas en sus ideas, que piensan que todas las cosas existen en dependencia causa-efecto y, por lo tanto, que el Nirvana debe estar en una dependencia equivalente. Pero ninguno de estos, aunque sean serios y sinceros, ha ganado un discernimiento en la verdad del no-ego dual, y por lo tanto son de discernimiento espiritual limitado en lo que se refiere a la liberación y la no-liberación; porque para ellos no hay emancipación. Tienen una gran confianza en si mismos pero nunca podrán ganar un conocimiento verdadero del Nirvana hasta que hayan aprendido a disciplinarse en la aceptación paciente del no-ego dual.

La segunda clase de “maestros” o conocedores son aquellos que han ganado un grado superior de entendimiento intelectual de las verdades concernientes a los agregados que componen la personalidad y su mundo externo, pero que están llenos de temor cuando se enfrentan al significado y consecuencias de esas verdades, y a las demandas que su aprendizaje les impone, esto es, no llegar a apegarse al mundo externo y sus formas diversas hechas para la comodidad y el poder, y mantenerse aparte de los enredos de sus relaciones sociales. Se sienten atraídos por las posibilidades que se pueden alcanzar al realizar eso, es decir, la posesión de poderes milagrosos tales como dividir la personalidad y apariencia en diferentes lugares al mismo tiempo, o la manifestación de cuerpos de transformación. Para ganar estos poderes recurren incluso a la vida solitaria, pero esta clase de maestros nunca va más allá de las seducciones de su aprendizaje y egoísmo, y sus discursos están siempre en conformidad con esa característica y limitación. Entre ellos hay muchos discípulos que demuestran un grado de discernimiento espiritual que se caracteriza por la sinceridad y la voluntad de lograr todas las demandas que las etapas les exigen. Cuando ven que todo lo que compone el mundo objetivo es sólo una manifestación de la mente, que no tiene naturaleza-propia, es no-nacida y sin ego, lo aceptan sin temor, y cuando ven que también su propio ego-alma es vacío, no nacido, y carente de ego, se sentirán serenos, invulnerables, y con propósitos serios y sinceros buscarán ajustar sus vidas a la totalidad de las demandas de esas verdades sin olvidar las nociones que descansan detrás de esos hechos esenciales, especialmente la noción de su propio ego-consciencia y su relación con el Nirvana. Estos son los que han-entrado-a-la-Corriente.

La clase conocida como Arhats son aquellos maestros conocedores sinceros y serios que pertenecen al grupo de los que retornan. A través de su discernimiento espiritual han alcanzado la sexta y séptima etapas. Han entendido completamente la verdad del no-ego dual y de la no-imagen de la Realidad; con ellos no hay más discriminación, ni pasiones, ni orgullo de egoísmo; han ganado un discernimiento superior y glorioso y han visto dentro de la inmensidad de las tierras del Buda. A través de lograr una percepción interna de la verdadera naturaleza de la Mente Universal se han purificado gradualmente de su energía-hábito. El Arhat ha logrado la emancipación, la iluminación, las Dhyanas, los Samadhis, y su atención completa es dada al logro del Nirvana, pero la idea del Nirvana le causa perturbaciones mentales porque tiene una idea equivocada. La noción del Nirvana en su mente está dividida: discrimina el Nirvana del ‘yo’, y el del ‘yo’ de los otros. Ha obtenido algunos de los frutos de la comprensión-propia pero todavía piensa y discute acerca de las Dhyanas, las materias para la meditación, los Samadhis, y los frutos. Orgullosamente dice: “Hay restricciones, pero yo estoy fuera de ellas.” Él es un fracaso doble: denuncia los vicios del ego pero todavía se agarra a sus grilletes. Mientras continua discriminando las nociones de dhyana, la práctica de dhyana, los temas de dhyana, el conocimiento-correcto y la verdad, hay un estado de mente confuso y desorientado, aún no ha logrado la emancipación perfecta. La emancipación llega con la aceptación de la no-imagen.

Él es el experto en las Dhyanas y entra en los Samadhis, pero para alcanzar las etapas superiores uno debe pasar más allá de las Dhyanas, los inmensurables, el mundo de la no-forma, y el éxtasis del Samadhi en el Samapattis guiando a la cesación del pensamiento mismo. El practicante-de-dhyana, dhyana, el sujeto de dhyana, la cesación del pensamiento, retornar una vez, nunca retornar, todos estos son estados de mente confusos y divididos. No será hasta que toda discriminación sea abandonada, que pueda haber una emancipación perfecta. Así el Arhat, experto en las dhyanas, participando en el Samadhi, pero sin ayuda de los Budas se rinde al éxtasis cautivador del Samadhi  y pasa a su Nirvana. El Arhat está en la clase de los que retornan-Una-Vez.

Los discípulos, maestros y Arhats pueden ascender hasta la sexta etapa. Perciben que el mundo triple no es más que la mente misma; perciben que no hay un llegar a apegarse a las multiplicidades de objetos externos excepto a través de las discriminaciones y actividades de la mente misma; perciben que no hay un ego-alma; y por lo tanto logran en cierta medida tranquilidad. Pero su tranquilidad no es perfecta cada minuto de sus vidas, porque con ellos hay algo, un efecto-producido, algo a lo que se han agarrado o se están agarrando, algún vestigio residual de dualismo y egoísmo. Aunque desconectados del funcionamiento activo de las pasiones todavía están limitados por la energía-hábito de la pasión y, estando embriagados por el vino del Samādhi, tendrán su morada en el reino de las corrientes de la energía-hábito (sánscrito: asvara). La tranquilidad perfecta es solamente posible en la etapa séptima. Mientras que sus mentes estén en confusión, no pueden lograr una clara convicción en cuanto a la cesación de la multiplicidad y la actualización de la unidad perfecta de todas las cosas. En sus mentes la naturaleza-propia de las cosas es todavía discriminada como buena o mala, por lo tanto, sus mentes están en confusión y ellos no pueden pasar más allá de la sexta etapa. No obstante, en la sexta etapa toda discriminación cesa a medida que llegan a estar absortos en el éxtasis del Samadhi, en el cual ellos atesoran el pensamiento del Nirvana y, como el Nirvana es posible en la etapa sexta, entran a su Nirvana, pero no es el Nirvana de los Budas.”


Lankavatara Sutra, capítulo X