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Zohar - La muerte de Jacob

 

"Y los días en que Israel debía morir estaban cerca" [Gen.47:29].

El Rabino Hiyya dijo: Aquí, en la mención de su muerte, el nombre de Israel está escrito, mientras arriba, al hablar de su vida, recibe el nombre de Jacob, como está escrito: "Y Jacob vivió..." [Gen. 47: 28]. ¿Por qué ocurre esto? El Rabino Yose replicó: Nótese ahora la palabra "días". No resulta extraño, pues un hombre muere sólo en un día, o mejor dicho, en un instante.

La razón, no obstante, es ésta: Cuando Dios ha decidido recibir nuevamente el espíritu de un hombre, pasa revista sobre todos los días de la vida del hombre en este mundo.

Y dichoso el hombre cuyos días están cerca de pasar ante el Rey sin culpa alguna, sin que uno solo sea rechazado debido a algún pecado en él contenido. Así pues, se dice que los buenos "están cerca" ya que sus días están cerca de pasar ante el Rey sin culpa alguna. Y, desgraciado sea el malvado cuyos días se pasan en pecado y no se registra abajo y, por tanto, sus días no pueden estar cerca. De ellos queda dicho: "Los caminos del malvado son como la oscuridad; no saben ante qué se tambalean" [Prov. 4: 19].

Así pues, está escrito que los días de Israel "estaban cerca", sin culpa alguna y con gozo inmaculado; por lo tanto, se usa el nombre de Israel como significado de una perfección mayor que el nombre de Jacob.

El Rabino Yose dijo: Hay algunos hombres buenos que, al tener los días contados, se alejan del Rey, y otros hay cuyos días se acercan al Rey, y su pueblo está bendito, y entre éstos estaba Israel.

"Y llamó a su hijo José" [Gen. 47: 29]. ¿Acaso los demás no eran sus hijos?

El Rabino Abba explicó: Vemos que se habla de José como del hijo de Jacob de una manera más conmovedora que de sus hermanos. Pues recordamos, que cuando fue tentado por la esposa de Putiphar, alzó la vista y contempló la imagen de su padre (como está escrito: "Y ninguno de los hombres de la casa estaba ahí" [Gen. 39: 11] ), y cuando José vio a su padre, se resistió y se marchó. Y así Jacob, al bendecir a todos sus hijos, le dijo a José: "Lo sé, hijo mío, lo sé" [Gen. 48: 19], y la repetición de las palabras significa: Sé en qué ocasión con tu propio cuerpo probaste que eras mi hijo.

Además se explica que José se parecía tanto a su padre que cualquiera que lo veía reconocía que era el hijo de Jacob. Así pues, Jacob lo llamó "hijo mío". A esto, el Rabino Yose añadió otra razón, a saber, que José fue el báculo de Jacob y su familia durante la vejez de Jacob.

Más aún, Jacob le pidió a José y a ningún otro de sus hijos, que le diera sepultura pues solamente José lo podía llevar fuera de Egipto.

El Rabino Yose preguntó entonces: Jacob sabía que sus descendientes serían esclavos en Egipto; ¿por qué, entonces, no dio muestras de una preocupación verdaderamente paternal pidiendo que se le enterrara ahí para que su mérito los protegiera? Sin embargo, sabemos por la tradición que Jacob, cuando se dispuso a ir a Egipto, fue invadido por el miedo de que su posteridad se perdiera entre las naciones y que Dios le retirara su Presencia. Así pues, Dios le dijo: "No temas ir a Egipto, pues haré de ti y de tu pueblo ahí una gran nación" [Gen. 46: 3]; más aún: "Iré contigo a Egipto" [Gen. 46: 4]. Así y todo, Jacob temía ser sepultado en Egipto y no con sus ancestros, ante lo cual dijo Dios: "Además, te traeré de regreso después" [ibid.], lo que quiere decir, para que puedas ser sepultado con tus padres.

Entonces, por diversas razones, Jacob deseaba asegurar su regreso de Egipto. En primer lugar, porque tenía conocimiento de que Dios castigaría a los dioses de los egipcios, y temía que los egipcios hicieran de él un dios. También estaba seguro de que Dios no retiraría su Presencia de entre sus descendientes en el exilio. En tercer lugar, deseaba que su cuerpo fuera puesto a descansar junto con sus ancestros, para estar entre ellos y no con los pecadores de Egipto, pues Jacob, como es sabido, repitió la belleza de Adán, y era de forma sublime y sagrada, digna del trono sagrado. El secreto del asunto es, no obstante, que no existe separación entre los. patriarcas y, por tanto, él dijo: "Cuando yo duerma con mis padres" [Gen. 47: 30].

Hay aún otra razón para que Jacob llamara a José "hijo mío": fue a Raquel a quien Jacob había dado toda su devoción, y desde el principio había mostrado más entusiasmo en tener a José que a cualquiera de sus demás hijos.

El Rabino Simeón dijo: Todos los actos del hombre están escritos en un libro y han sido examinados por el Rey y quedaron revelados ante él; por tanto, que el hombre se preocupe por no pecar, ni en modo alguno ir en contra de la voluntad de su Señor, pues hasta los pensamientos del hombre le son conocidos a Dios y a El no se le puede eludir.

Así, la noche en que Jacob fue con Leah y ella le ofreció las prendas que él le había dado a Raquel, él tuvo. motivos para pensar que era Raquel, y Dios, para quien ningún secreto queda oculto, permitió que el pensamiento de Jacob se detuviera y así el derecho de nacimiento de Rubén le fue dado a José, siendo como fue la primera semilla de Jacob, y así Raquel fue a su herencia. Así fue como Leah lo nombró Rubén [un hijo] y no Rubeni [mi hijo].

Se nos ha enseñado que Dios sabía que Jacob no tenía intenciones de transgredir nada, ni le permitió a su mente voltear a ver a otra mujer en aquel momento como lo hacen los pecadores y, por tanto, está escrito: "Los hijos de Jacob eran doce" [Gen. 35: 22]. Existe otro nombre conocido por los Compañeros que se le da al hijo del pecador que actúa como antes dijimos. Así pues, queda dicho que Jacob "puso a su hijo por nombre José", su propio hijo, su hijo al principio y al final.

"Pon la mano bajo mi muslo, te lo ruego" [Gen. 47: 29]. El Rabino Yose dijo: Jacob insistió en que él jurara por la marca del pacto que había sido puesta en su carne, pues los patriarcas consideraban esto de primordial importancia, y este pacto queda también simbolizado en José.

El Rabino Simeón dijo: Encontramos asimismo "pon la mano bajo mi muslo", con referencia tanto a Abraham como a Jacob, pero no en relación a Isaac, debido a que Esaú nació de Isaac.

Más aún, uno puede imaginar que Jacob quería decir: Júrame por la marca sagrada que ha concedido al mundo semilla sagrada y fervorosa permaneciendo siempre libre de mancha, que no me sepultarás entre gente impura, que no ha obedecido a Dios. Si es así, ¿por qué, uno se preguntaría, José, que mantuvo el pacto, fue sepultado entre ellos? Por lo siguiente: en bien de una situación en particular, como cuando Dios se le apareció a Ezequiel a las puertas de la Tierra Santa, junto al río Chebar. Pues Dios vio que si José fuera a ser alejado de ahí, los israelitas serían reducidos a la esclavitud, por lo cual dijo: Que su sepulcro esté en el agua,* lugar no susceptible de impureza [levítica] y luego los israelitas podrán soportar el cautiverio.

El Rabino Yose dijo: Jacob percibió que, como sus padres, estaba preparado de todas maneras para ser parte de la carroza sagrada [en la cual descansa la Divinidad], pero consideró imposible que su cuerpo estuviera unido al de sus padres si se le sepultaba en Egipto.

Los patriarcas, como es sabido, podían hacer que sus mujeres fueran sepultadas con ellos en la cueva de Machpelah; y, ¿por qué, entonces, se sepultó a Jacob con Leah y no con Raquel que era "el fundamento de la casa"? Por la razón de que Leah concibió más hijos de la semilla sagrada.

El Rabino Judah dijo: Cuando Leah supo que Jacob era bueno, comenzó a salir día a día al camino a llorar por él y a orar por él. Raquel nunca hizo algo así. De donde le fue concedido a Leah ser sepultada con él y, en cambio, la tumba de Raquel fue colocada junto al camino.

En la doctrina secreta, tal como hemos asentado, la razón es que una simboliza la esfera del ser revelada y la otra, la oculta. Por la tradición sabemos que la virtuosa Leah derramó muchas lágrimas rogando serIe dada a Jacob y no al malvado Esaú. Y así percibimos que cualquiera que tenga un castigo marcado para sí, podrá lograr que se le cancele rogando con lágrimas ante el Omnipotente; así pues, Leah, concedida a Esaú por decreto sagrado, logró a base de oración satisfacer su preferencia por Jacob y se salvó de ser otorgada a Esaú.

El Rabino Isaac dijo: Queda escrito: "Y la sabiduría de Salomón superaba a la sabiduría de todos los niños del Este" [1 Reyes 5: 10]. ¿Qué significa "la sabiduría de los niños del Este"? Sabemos por la tradición que ésta fue la sabiduría heredada por ellos de Abraham. Pues leemos que Abraham "dio todo lo que tenía a Isaac" [Gen. 25: 5]; esto hace referencia a la alta sabiduría que era la de Abraham, porque poseía el conocimiento del nombre sagrado de Dios. "Pero a los hijos de las concubinas que Abraham tuvo, Abraham concedió dones" [Gen. 25: 6], es decir, conocimiento del tipo de las coronas inferiores [las fuerzas demoniacas] y los estableció en el "país del Este" [ibid.] y fue de esta fuente que los niños del Este recibiron su sabiduría mágica...

"Pero cuando duerma con mis padres" [Gen. 47: 30]. Dichosa la descendencia de los patriarcas: ellos son la carroza sagrada de Dios quien se ha regocijado en ellos y ha sido coronado con ellos; por lo tanto, está escrito: "Sólo el Señor se regocijó en sus padres" [Deut. 10: 15].

El Rabino Eleazar dijo: Jacob tenía conocimiento de que sería coronado en sus padres y sus padres en él.

El Rabino Judah dijo: Los oídos del hombre están cerrados a las admoniciones de la Torah, y sus ojos a su propio estado, al no darse cuenta que el día en que un ser humano aparece en el mundo, aparecen todos los días destinados a él y éstos pulularán por el mundo y luego cada uno descenderá al hombre para prevenido. Y si el hombre, habiendo sido de tal modo prevenido, aun así transgrede en contra de su Maestro, entonces ese día en el cual transgrede, asciende en vergüenza y permanece aislado afuera, a la vista, y se queda así hasta que el hombre se arrepiente. Si el hombre opta por el bien, el día vuelve a su posición original; pero si no, entonces va a reunirse con el espíritu exterior y regresa a su morada y luego toma la misma forma de la vergüenza para perseguir al hombre y permanecer con él en su casa. Si el hombre hace el bien, prueba ser un buen compañero; si no, resultaría un mal compañero. De cualquier modo, este tipo de día queda fuera del número global y no se cuenta con los demás.

Desdichado el hombre que ha reducido sus días ante el Todopoderoso y no ha guardado para sí los días con los que se coronará en el otro mundo y se aproximará al Rey. Pues siendo digno, asciende en virtud de esos días, y esos días en los cuales hizo el bien y no pecó fueron para su alma un ropaje de esplendor. Desdichado será el hombre que ha reducido sus días en las alturas, pues los días dañados por sus pecados faltan cuando llega el momento de revestirse con sus días, y su ropaje es, por lo tanto, imperfecto; mucho peor resulta si hay muchos días de éstos y luego no tiene nada para ataviarse en el otro mundo. Pobre de él y de su alma: es castigado en Gehinnom muchos días por cada uno de aquellos días, viendo que . cuando abandonó este mundo estaba sin ningún día para ataviarse y no tenía ningún ropaje que echarse encima.

Los que hacen el bien son dichosos pues sus días están bajo la custodia del Rey y constituyen vestiduras espléndidas para ataviarse con ellas en el otro mundo. Este es el significado secreto del verso "y sabían que estaban desnudos" [Gen. 3: 7], que quiere decir, las. gloriosas vestimentas hechas durante esos días quedaron arruinadas y no restó ningún día para vestirse. Permaneció así todo hasta que Adán se arrepintió. Luego, Dios lo perdonó e hizo otras ropas para él, pero éstas no estaban hechas de sus días, como está dicho: "Y el Señor Dios hizo para Adán y para su mujer ropajes de pieles y los vistió" [Gen. 3: 21].

Vemos que al respecto de Abraham dice: "Entró a los días" [Gen. 24: 1], pues al abandonar este mundo ciertamente ganó posesión de sus días anteriores como una investidura, y su ropaje de esplendor era abundante y perfecto. Pero Job dijo de sí mismo: "Desnudo salí del vientre de mi madre y desnudo regresaré a él" [Job 1 :21], ya que no había ropaje alguno con el cual pudiera vestirse.

Nuestros maestros nos han enseñado: Los buenos son dichosos en tanto sus días están sin mancha y permanecen para el mundo futuro, y así después de la muerte, los días se juntan para hacer un ropaje de esplendor en el que tendrán. el honor de probar las delicias del mundo futuro y en los cuales están destinados a recibir la vida nuevamente. Pero desdichados serán los pecadores cuyos días estén dañados y, en consecuencia, no les quede nada con qué vestirse cuando abandonen el mundo.

Más aún, hemos aprendido que todo lo que ellos por medio del bien han ganado para sí mismos, es un ropaje de gloria, hecho de sus días, y ellos en el futuro serán coronados como los patriarcas, con coronas de la corriente que fluye sin cesar hacia el Jardín del Edén, y está escrito de ellos que: "El Señor los guiará continuamente y satisfará su alma en sitios esplendorosos" [Isa. 58: 11]; pero los pecadores que no hayan conseguido para sí tales vestiduras serán "como un tamariz en el desierto y no verán cuando el bien se acerque, sino que habitarán los lugares secos en la selva" [Jer. 17:6].

El Rabino Isaac dijo entonces: Jacob, de entre todos los hombres, tuvo la oportunidad más feliz, pues el ropaje se debió tanto a sus días como a los de sus ancestros; por tanto, dijo: "Cuando duerma con mis padres".

El Rabino Judah dijo: Cuando Jacob entró a obtener la bendición de su padre, estaba vestido con la ropa de Esaú. Sin embargo, está escrito que Isaac olió sus vestiduras [Gen. 27: 27], es decir, vino hasta su nariz el olor de las vestiduras de Jacob en el mundo futuro y fue a cuenta de esto que le dio su bendición. Y entonces dijo: "Miren, el olor de mi hijo es como el olor de un campo que el Señor ha bendecido" [ibid.], que se refiere al campo de los manzanos sagrados en donde el rocío del ámbito llamado cielo cae todos los días; y continuó: "Así Dios te concederá el rocío del cielo" [Gen. 27: 28]. Se nos ha enseñado que cada día del Jardín del Edén se alzan quince olores con los que se perfuman las vestiduras preciosas en el otro mundo.

El Rabino Judah preguntó cuántos vestidos hay. El Rabino Eleazar contestó: Al respecto los maestros difieren, pero en realidad existen tres. Uno es para vestir al espíritu [ruah] en el Jardín del Edén terrenal. Más precioso es el segundo, que es para vestir al alma suprema [neshamah] cuando se halla entre "el haz de la vida" [1 Sam. 25: 29], en el círculo del Rey. El tercero es un abrigo exterior que aparece y desaparece con el cual el alma vital [nefesh] se atavía. Este se mueve de un lugar a otro en este mundo y durante los Sabbaths y las Lunas Nuevas busca al espíritu en el paraíso terrenal, del cual aprende ciertas cosas y el conocimiento de ellas esparce en este mundo. Se enseña que durante los Sabbaths y las Lunas Nuevas, el alma [nefesh] hace dos visitas. Primero, busca al espíritu entre los perfumes del paraíso terrenal y luego junto con el espíritu busca al alma suprema en "el haz de la vida" y se regala en la espléndida luz que emana de ambos lados. Esto queda implícito en las palabras: "El Señor. .. satisfará su alma en sitios esplendorosos" [Isa. 58: 11], donde el plural está diseñado para incluir ambos, la refulgencia exterior del lugar del espíritu y la luz dentro de la luz que viene a ellos al estar con el alma suprema en "el haz de la vida".

* De acuerdo con la tradición, -la tumba de José fue puesta en el río, donde permaneció hasta el Éxodo.

 

El Zohar, El libro del Esplendor
Selección y edición de Gershom Scholem
Traducción de Pura López Colomé
Berbera Editores