5/5/09

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Popol Vuh – Este es el primer libro, pintado antaño

 

Este libro es el primer libro, pintado antaño, pero su faz está oculta [hoy] al que ve, al pensador. Grande era la exposición, la historia de cuando se acabaron de medir todos los ángulos del cielo, de la tierra, la cuadrangulación, su medida, la medida de las líneas, en el cielo, en la tierra, en los cuatro ángulos, de los cuatro rincones[1], tal como había sido dicho[2] por los Constructores, los Formadores, las Madres, los Padres de la vida, de la existencia, los de la Respiración, los de las Palpitaciones, los que engendran, los que piensan. Luz de las tribus, Luz de los hijos, Luz de la prole[3], Pensadores y Sabios, [acerca de] todo lo que está en el cielo, en la tierra, en los lagos, en el mar. He aquí el relato de cómo todo estaba en suspenso, todo tranquilo, todo inmóvil, todo apacible, todo silencioso, todo vacío, en el cielo, en la tierra. He aquí la primera historia, la primera descripción. No había un solo hombre, un solo animal, pájaro, pez, cangrejo, madera, piedra, caverna, barranca, hierba, selva. Sólo el cielo existía. La faz de la tierra no aparecía; sólo existían la mar limitada, todo el espacio del cielo. No había nada reunido, junto. Todo era invisible, todo estaba inmóvil en el cielo. No existía nada edificado. Solamente el agua limitada, solamente la mar tranquila, sola, limitada. Nada existía. Solamente la inmovilidad, el silencio, en las tinieblas, en la noche[4]. Sólo los Constructores, los Formadores, los Dominadores, los Poderosos del Cielo, los Procreadores, los Engendradores, estaban sobre el agua, luz esparcida. [Sus símbolos] estaban envueltos en las plumas, las verdes; sus nombres [gráficos][5] eran, pues, Serpientes Emplumadas. Son grandes Sabios[6]. Así es el cielo, [así] son también los Espíritus del Cielo; tales son, cuéntase, los nombres de los dioses.

Entonces vino la Palabra[7]; vino aquí de los Dominadores, de los Poderosos del Cielo, en las tinieblas, en la noche: fue dicha por los Dominadores, los Poderosos del Cielo; hablaron: entonces celebraron consejo, entonces pensaron, se comprendieron, unieron sus palabras, sus sabidurías. Entonces se mostraron, meditaron, en el momento del alba; decidieron [construir] al hombre, mientras celebraban consejo sobre la producción, la existencia, de los árboles, de los bejucos, la producción de la vida, de la existencia, en las tinieblas, en la noche, por los Espíritus del Cielo llamados Maestros Gigantes. Maestro Gigante Relámpago es el primero. Huella del Relámpago es el segundo. Esplendor del Relámpago es el tercero: estos tres son los Espíritus del Cielo. Entonces se reunieron con ellos los Dominadores, los Poderosos del Cielo. Entonces celebraron consejo sobre el alba de la vida, cómo se haría la germinación, cómo se haría el alba, quién sostendría, nutriría[8]. “Que eso sea. Fecundaos. Que esta agua parta, se vacíe. Que la tierra nazca, se afirme”, dijeron. “Que la germinación se haga, que el alba se haga en el cielo, en la tierra, porque [no tendremos] ni adoración ni manifestación por nuestros construidos, nuestros formados, hasta que nazca el hombre construido, el hombre formado”: así hablaron, por lo cual nació la tierra Tal fue en verdad el nacimiento de la tierra existente. “Tierra”, dijeron y en seguida nació. Solamente una niebla, solamente una nube [fue] el nacimiento de la materia. Entonces salieron del agua las montañas: al instante salieron las grandes montañas. Solamente por Ciencia Mágica, por el Poder Mágico, fue hecho lo que había sido decidido [concerniente a] los mentes, [a] las llanuras; en seguida nacieron simultáneamente en la superficie de la tierra los cipresales, los pinares.

Y los Poderosos del Cielo se regocijaron así: “Sed los bienvenidos, oh Espíritus del Cielo, oh Maestro Gigante [Relámpago], oh Huella del Relámpago, oh Esplendor del Relámpago”. “Que se acabe nuestra construcción, nuestra formación”, fue respondido. Primero nacieron la tierra, los montes, las llanuras; se pusieron en camino las aguas; los arroyos caminaron entre los montes; así tuvo lugar la puesta en marcha de las aguas cuando aparecieron las grandes montañas. Así fue el nacimiento de la tierra cuando nació por [orden] de los Espíritus del Cielo, de los Espíritus de la Tierra, pues así se llaman los que primero fecundaron, estando el cielo en suspenso, estando la tierra en suspenso en el agua; así fue fecundada cuando ellos la fecundaron: entonces su conclusión, su composición, fueron meditadas por ellos.


[1] El universo, compuesto de tres cuadriláteros [cielo, tierra, inundo subterráneo], [Con el hombre central se tienen, pues, 13 puntos, De ahí, 4 ángulos, 4 puntos cardinales para la tierra.

[2] “Dicho”: ordenado, mandado. Dioses de un pueblo constructor hacen medir.

[3] Hijo, prole: subordinados, administrados, vasallos.

[4] Antes de los mundos solares actuales, hay mundos en la noche, noche a medias alumbrada por una luz difusa, emanada de los dioses: en esos mundos, una humanidad, a veces inferior, a veces semidivina [Cf. Perú, California, etc.]; pero, antes de esta humanidad, antes de la creación [que no es ex nihilo], la materia preexistente está revuelta en el agua.

[5] Sus jeroglíficos, y también el nombre de los símbolos envueltos [ver más lejos: Bandas Envolventes. Fuerza Envuelta] que transportan las tribus en su emigración; puede tratarse aquí de una forma serpentina y de un envoltorio emplumado.

[6] Sabiduría. Ciencia, Pensamiento, siempre mágicos.

[7] La palabra, la palabra de mando, de construcción, de formación, la palabra que instantáneamente da la forma a la materia; la pronunciación del nombre exacto, del nombre “justo de voz”, obra sobre la materia, forma, “crea”; habiendo dicho los dioses la palabra justa para tierra, ésta nace al instante. [Cf. el ñispa peruano.]

[8] El “Do ut des” obra siempre. Si el hombre invoca a los dioses para que ellos le sostengan, le nutran, éstos le “crean” para que espiritual y materialmente, él les sostenga, les nutra.

 

Traducción de la versión francesa del profesor Georges Raynaud,

director de estudios sobre las religiones de la América

Precolombina, en la Escuela de Altos Estudios de París,

por los alumnos titulares de la misma

MIGUEL ÁNGEL ASTURIAS y J. M. GONZÁLEZ DE MENDOZA