30/3/09

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Zhuang Zi – Capítulo IX, Cascos de caballo

 

Los cascos de los caballos están hechos para pisar la escarcha y la nieve, su pelaje para protegerse del viento y del frío. Pastar, beber del arroyo, levantar las patas y galopar: ésta es la verdadera naturaleza (chen hsing) de los caballos. Aunque posean grandes terrazas y bellas salas, no sabrían qué uso darles.

Luego llega Po Lo (1) y anuncia: — ¡Yo sé cómo manejar caballos!—, y procede a chamuscar sus crines, a trasquilarlos, a recortarles las pezuñas, a marcarlos, a amarrarlos con riendas y a atarlos en las cuadras. Para entonces dos o tres de cada diez caballos han muerto. Luego los mata de hambre y de sed, los hace correr, saltar, alinearse, y los fuerza para que corran a la par, con la constante preocupación del freno y la rienda ante ellos y del látigo y la vara por detrás. Para entonces la mitad de los caballos han muerto.

El alfarero dice: —Yo sé manejar la arcilla. Para redondearla aplico el compás; para hacerla cuadrada, aplico la escuadra. El carpintero dice: —Yo sé manejar la madera. Para arquearla, aplico la curva; para enderezarla, aplico la plomada. Pero en lo que concierne a la naturaleza innata, la arcilla y la madera seguramente no desean estar sujetas al compás y la escuadra, a la curva ni a la plomada. Sin embargo, generación tras generación canta alabanzas diciendo: “¡Po Lo sabe manejar los caballos! El alfarero y el carpintero saben manejar la arcilla y la madera! Y los hombres que manejan los asuntos del mundo cometen el mismo error!”

En mi opinión, el que sabe manejar los asuntos del mundo no lo andaría diciendo así. La gente tiene su naturaleza innata constante. Tejer para vestirse, cultivar para comer: ésta es la Virtud/Naturaleza (te) que comparten. Son uno sólo en ello y no hay partidismos, y esto se llama la Emancipación del Cielo. Por lo tanto, en una época de Naturaleza/Virtud Perfecta el andar de los hombres es lento y cadencioso; su mirada es estable y blanda. En tal época las montañas no tienen senderos o huellas, los lagos no tienen botes ni puentes. Los diez mil seres viven especie por especie, un grupo asentado cerca del otro. Los pájaros y las bestias forman sus manadas y rebaños, el pasto y los árboles crecen hasta su altura máxima. Tanto que es posible atarle una cuerda a los pájaros y bestias y pasearlos por ahí, o bajar una rama y pispiar el nido del cuervo o de la urraca. En esta época de Naturaleza Perfecta los hombres viven igual que los pájaros y las bestias, se agrupan uno al lado del otro con los diez mil seres. ¿Quién habla entonces del “caballero” o del “hombre pequeño” ? Simples como el Bloque intallado (2), los hombres carecen de sabiduría; por lo tanto su Naturaleza no se aleja de ellos. Simples como el Bloque intallado, no tienen deseo; esto se llama simpleza sin tallar. En el estado de simpleza sin tallar la gente alcanza su verdadera naturaleza. (3)

Luego llega el sabio, soplando y resoplando detrás del humanitarismo, estirándose en puntillas para alcanzar la equidad, y el mundo por primera vez tiene dudas; fantaseando y mascullando acerca de su música, recortando y remendando sus ritos, y el mundo por primera vez está dividido. Así, si no se hubiera arruinado la simple sustancia en bruto, ¿cómo podrían existir las copas sacrificiales? Si no se hubiera destrozado el jade blanco, ¿cómo podrían existir los cetros y los bastones? Si no se hubieran descartado el Tao y su Naturaleza, ¿cómo podría haber una vocación por el humanitarismo y la equidad? Si no se hubiera abandonado la verdadera forma de la naturaleza innata, ¿cómo podría darse uso a los ritos y a la música? Si los cinco colores no hubieran confundido a los hombres, ¿quién diseñaría dibujos y tonalidades? Si las cinco notas no los hubieran confundido, ¿quién trataría de afinar las cosas según los seis tonos? Que se arruinara la sustancia en bruto para diseñar implementos, fue el crimen del artesano. Que se destruyeran el Tao y su Naturaleza para crear el humanitarismo y la equidad, fue culpa del sabio.

Cuando los caballos viven en la planicie, comen pasto y beben del arroyo. Complacidos, entrelazan los cogotes y se frotan entre sí; enojados, se ponen de espaldas y se patean. Esto es todo lo que saben hacer los caballos. Pero si apilas palos y yugos sobre ellos y los alineas con palos y pértigas, aprenderán a soltarse, romperán el yugo, volcarán el carruaje, tascarán el freno y masticarán las riendas (4). De esta forma los caballos aprenden a cometer las peores travesuras. (5) Esto es culpa de Po Lo.

En los días de Ho Hsü (6), la gente se quedaba en su casa sin saber qué hacía, caminaba por ahí sin saber adónde iba. Sus bocas se llenaban de comida, estaban contentos; tamborileando sobre sus panzas, pasaban el tiempo. Esto era tanto cuanto podían hacer. Luego vino el sabio con las genuflexiones y reverencias de los ritos y la música, con la intención de reformar los cuerpos del mundo; con el estirarse para conseguir el premio colgante del humanitarismo y la equidad, cuyo objetivo era reconfortar los corazones del mundo. Entonces por primera vez la gente aprendió a ponerse de puntillas y codiciar la sabiduría, a pelear hasta la muerte por la ganancia, y ya no hubo cómo detenerla. Esto al final fue todo culpa del sabio.

 

Notas al capítulo 9

1- Frecuentemente mencionado en textos tempranos como un experto evaluador de caballos.

2- Leyendo t’ung con el radical de hombre.

3- Los términos su y p’u (simpleza sin tallar), aparecen frecuentemente en el Tao-te ching , por ejemplo en el cap. XIX. Waley lo traduce como “simplicidad” y “el bloque intallado”, respectivamente.

4- Hay muchas interpretaciones de los términos de esta oración. Sigo las enmiendas e interpretaciones de Ma Hsü-lun.

5- Legendario gobernante de la alta antigüedad.

 

Versión castellana: Alex Ferrara